Scanners II: El nuevo orden (Scanners II: The New Order, Christian Duguay, 1991)

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Las secuelas de Scanners tienen dos problemas: llegan tarde y mal. Diez años es un lapso de tiempo demasiado largo y el universo de los telépatas que podían hacer explotar cabezas estaba ya más bien frío. Lo cierto es que da la impresión de que al productor Pierre David se le ocurrió la idea de capitalizar el éxito no de la primera entrega, si no el que estaba ganando (sobre todo a nivel crítico) su director y creador, David Cronenberg. El éxito de Videodrome, La mosca, o Inseparables lo había descubierto a una nueva generación de amantes al cine y tal vez David pensó que era un buen momento para resucitar un universo que podía dar mucho juego, puesto que el título que lanzó a la palestra a Michael Ironside ya se había convertido en un clásico de las estanterías de videoclub.

Dos tipos de secuela, y hablo a nivel personal, me molestan. Las que son una parodia de su primera entrega, y las que básicamente repiten el esquema del episodio previo. Gran parte de Scanners II está basado en conceptos de la primera película, lo cual es una pena, por que un guionista un poco más imaginativo que B. J. Thomas (de carrera más bien mediocre, véase sus libretos para títulos para mayor gloria de Chuck Norris (McQuade, el lobo solitario) o Lorenzo Lamas (episodios de la serie de televisión Renegado) probablemente le hubiera sacado mucho más interés. Y quizá todo aquello que nos huele al primer episodio es la parte más aburrida y previsible de la película. Sin embargo, las (pocas) novedades que aporta si tienen cierto interés.

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Todo vuelve a empezar con un scanner vagabundo, que es detectado por una organización clandestina. Pero por suerte, en este caso el vagabundo captado no será el protagonista de la historia, y digo suerte por que la actuación de Raúl Trujillo en el papel de Peter Drak resulta histriónica a más no poder y difícilmente digerible. Drak pasa a trabajar para el Comandante Forrester (Yvan Ponton), el villano de la función, que en uno de los toques más interesantes del filme usa a los scanners para obligar a gente normal a cometer delitos, para luego resolverlos su equipo y quedar él como un héroe, lo cual  le hace ganar puntos e ir subiendo escalafones en el juego del poder: su idea es llevar un orden fascista a la ciudad indeterminada donde sucede la acción. No tarda en localizar al héroe de la historia, David Kellum (David Thewliss, popular en televisión por su aparición en diversas series de la franquicia Stargate), un pacífico estudiante de veterinaria que ha vivido toda su vida en las montañas junto a sus padres adoptivos y se ha desplazado a la ciudad para terminar sus estudios, y ha comenzado un romance con su compañera Alice Leonardo (Isabelle Mejías). De entrada Kellum le coge confianza a Forrester, y durante unos pocos minutos de metraje el filme se transforma en una suerte de pastiche de La zona muerta, lo cual también tiene su interés pero el guión de Thomas se lo ventila demasiado rápido. El joven scanner usa sus poderes al servicio de la ley (tal y como hacía el personaje de Christopher Walken en la cinta de Cronenberg) para atrapar a un psicópata que está envenenando la leche y provocando víctimas inocentes, pero sin saberlo también está ayudando a que la popularidad de Forrester aumente. La puntilla será cuando Forrester obligue a Kellum a manipular la mente de la Alcaldesa para que le nombre a él como Comisario Jefe. Una brecha se abrirá entonces definitivamente entre los dos personajes, y nuestro protagonista no tardará en descubrir las verdaderas intenciones de Forrester y su conexión con su verdadera familia.

Una vez terminado el primer acto es cuando realmente la película comienza a flojear. Se sirve de la primera entrega para atar cabos, pero de un modo no muy satisfactorio. Lo peor de todo es que los héroes de la previa no lo consiguieron: Cameron Vale y Kim Obrist fueron asesinados por los agentes de Forrester cuando se negaron a unirse a su organización, y dieron a su segundo hijo en adopción: su hija mayor, Julie Vale (Deborah Raffin) vive oculta en las montañas y Kellum logrará convencerla para que le ayude en su cruzada contra el hombre que mató a sus padres. Ni es un final digno para los dos personajes de la primera entrega (además de completamente innecesario) y no tiene mucho sentido que los rasgos de David “recuerden tanto a los de su padre” cuando sí, David tiene un cierto aire a Cameron Vale… cuando éste tenía los rasgos de Stephen Hack. Pero a Michael Ironside no se parece un pelo, y recordemos que Cameron terminaba poseyendo el cuerpo de Darryl Revok…

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El último tercio de la película tiene bastante acción y está rodado con eficiencia por Christian Duguay, un artesano con alguna experiencia más en el género (recordemos Asesinos cibernéticos) y se beneficia de unos muy destacables efectos de maquillaje, que es donde parece que ha ido a parar gran parte del presupuesto de la película. Lo cierto es que son muy buenos y el sueldo se lo ganó la gente de Shadoworks Inc con toda justicia. No faltan las clásicas explosiones de cabeza, combustiones espontáneas y una deformación final bastante espectacular. De todos modos narrativamente hablando toda esa parte es un refrito del ataque de Vale contra ConSec en la primera entrega y como en las mencionadas anteriormente, desaprovecha prácticamente las buenas ideas que van apareciendo por el camino y desapareciendo en un chasquido (como los scanners convertidos en yonquis por los malvados científicos de Forrester tras haberse negado a colaborar con él). Y tanto la calidad del reparto, en general, y la banda sonora, a medio camino entre los sintetizadores estilo Mark Snow y el rock AOR de la época, nos recuerdan constantemente el tipo de título que estamos presenciando.

Sus virtudes y sus pocos complejos la hacen digerible y a ratos hasta simpática, pero ya está a medio camino del llamado “sub-producto”, que viene a querer decir algo así como la intención de vender “un estilo” de películas o la “marca” de una saga sin ningún interés creativo detrás y destinado únicamente al mercado videográfico, como anunciando su falta de calidad para la gran pantalla: Scanners III , de nuevo con Duguay tras las cámaras, ya estaba lista al año siguiente, en 1992…

Javier J. Valencia

(publicado originalmente en Revista Fantastique en Agosto de 2010)

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