Scanners – Su solo pensamiento podía matar (1ª parte) (Scanners, David Cronenberg, 1980)

¿Lo recuerdan? Su solo pensamiento podía matar. A día de hoy, tantos años después, la sigo considerando una de las mejores tag lines de la historia del cine. De esas que te hacía girar el cuello en el videoclub (contando que el viejo diseño de la edición en VHS ya era muy atractivo, recuerdo la edición de venta directa de doble carátula, que si le dabas la vuelta tenías los dos carteles originales, uno por cada lado). Pero, de alguna manera, para una gran parte del fandom, más allá de recuerdos de este tipo, más cercanos a la anécdota del tipo “la descubrí en Noche de Lobos, no suele detenerse mucho tiempo ante un film que, por extraño que parezca (no tanto por su argumento sino por el como está contada) fue un éxito en su día y generó toda una franquicia de ciencia ficción de serie B fantástica canadiense, con dos secuelas y dos spin-offs.

Scanners, que sería un film muy destacado en la carrera de casi cualquier realizador, en el caso de Cronenberg siempre termina quedando como si fuera de segunda fila, la película puente entre la primera parte de su cinematografía, más austera, salvaje y visceral, y la segunda, con más medios para llevar a cabo sus ideas y ocasionalmente jugando en el terreno de las grandes producciones. Además de tener algo de gafe, por que es la película previa a Videodrome, una de las obras maestras de la historia del cine (sea del género que sea), que a la hora de efectuar un estudio sobre la obra de su director es la que suele llevarse las tesis más extensas y los comentarios más elaborados, al menos en lo que al “primer arco” de carrera  del director  se refiere.

Cuando trabajaba en Cromosoma 3 la vida personal de Cronenberg pasaba momentos difíciles, atravesando un duro proceso de divorcio que se vio reflejado (y de que manera) en la inolvidable película protagonizada por Samantha Eggar. Pero en 1980, cuando empezó a trabajar en Scanners, la situación había cambiado. “Me he vuelto a casar, tengo otro niño y me siento mucho más optimista sobre todo en general. Ahora me encuentro tan bien, que me dedico a explotar cabezas, exactamente igual que cualquier muchacho norteamericano joven y normal” (1). En una de las definiciones más chocantes que he leído jamás, Cronenberg presentaba su “optimista” nuevo proyecto como “una mezcla entre la saga “Star Wars” y las películas de James Bond”, que sin embargo tiene sentido, aunque a primera vista parezca una comparación absolutamente demencial. Pero el nacimiento de Scanners en su forma primigenia proviene de fuentes de lo más diverso:

Primero, uno de los mediometrajes que realizó Cronenberg en su juventud: Stereo (1968) era un borrador de ideas que tiene una conexión directa con lo que luego sería la película. En él, la “Academia de Investigación Erótica de Canadá” trataba de descubrir a través de la experimentación con un grupo de sujetos con poderes telepáticos si eran capaces de crear una “super-mente” que fusionara la de todos los individuos del proyecto para ser capaces de crear un nuevo líder. En algunos momentos la relación entre Stereo  y Scanners es estrechísima, sobre todo por algunos elementos del mediometraje que luego se incluirían en el largo (el personaje que intenta taladrarse la mente para llegar a su “tercer ojo”, algo que luego en el film se atribuye Darryl Revok, o el protagonista, el Dr. Stringfellow, una versión primeriza de lo que luego sería el Dr. Paul Ruth). Segundo, una fuente de inspiración que establece la enésima conexión entre Cronenberg y el escritor William S. Burroughs: un capítulo de la novela El almuerzo desnudo (que en 1991 el director nacido en Ontario llevaría a la gran pantalla) que presentaba a los senders, una raza de telépatas que luchaban por la dominación mundial. Tercero, una de las últimas producciones de George Pal, dirigida por Byron Haskin en 1968: El poder (The Power), también conocida en nuestro país como El poder diabólico, que presentaba a un asesino con poderes telekinéticos, y que fue considerada en su día por periodistas del medio como John Brosnan (de la revista Starbust) como el precedente más directo. Cuarto, el desagradable incidente real del medicamento conocido como Thalidomide, que fue recetado entre 1957 y 1961 como calmante para mujeres embarazadas en los Estados Unidos y acabó siendo la causa del nacimiento de bebés con problemas de malformación y deformidad, y que en el film se convierte en la medicación “Ephemerol” y es la causante del nacimiento de los Scanners. Y quinto, un guión escrito por Cronenberg en 1976 llamado Telepathy 2000 (2) situado en el futuro y que presentaba a su protagonista (de nombre Harley Quinn (3) violando telepáticamente a una mujer en el metro. Planteada como una película de espías, tenía ya a dos organizaciones de telépatas enfrentadas, una de ellas para derrocar al Gobierno de Estados Unidos, y es considerado por algunos medios especializados directamente ya como un borrador de Scanners.

Cameron Vale (Stephen Lack) es un indigente con el poder de leer las mentes ajenas y de intervenir en ellas. Pero no controla su poder y sufre enormemente debido a ser incapaz de rebajar la intensidad de las voces que oye en su cabeza. Es reclutado por el Dr. Paul Ruth (Patrick McGoohan), el cual inicialmente le ayuda para controlar su don, pero después comienza a encargarle misiones: encontrar a otros que son como él, Scanners, humanos con el poder de la telepatía y la telekinesis, de los cuales hay 237 en todo el mundo. Uno en especial es potencialmente peligroso: Darry Revok (el descubrimiento de Michael Ironside), el cual obliga a los restantes scanners a unirse a él en su cruel cruzada por hacerse con el poder del mundo, o morir.

Y realmente, en algunos fragmentos de la película, se notan las influencias de las dos sagas citadas por el futuro director de Promesas del este. De un modo muy sui generis, pero se notan. De entrada, una vez Vale domina su poder comienza a trabajar de “agente” de Ruth, el cual vendría a ser una especie de “M” que le encarga las misiones. Por cierto que es en esta etapa del film donde la posibilidad de expandirse como franquicia hubiera resultado de lo más interesante, es una lástima que ningún avispado productor de la época no se hubiera espabilado en hacer una serie de televisión con las aventuras de Cameron Vale como agente de ConSec y enfrentado al revolucionario ejército de Revok. Y en el tramo final de la historia, con las revelaciones de los lazos familiares entre los protagonistas, queda establecido el enlace con La guerra de las galaxias, con ofrecimientos de “pasarse al lado oscuro” a Vale por parte de Revok y la desaparición de Ruth convertido en el Obi-Wan de la función.

Continúa en Scanners – Su solo pensamiento podía matar (2ª parte)

Javier J. Valencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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