El misterio de Roswell (Roswell, Jeremy Kagan, 1994)

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El caso Roswell

Primeros de Julio de 1947. El granjero Mac Brazel se dirigió a inspeccionar sus tierras, situadas en una zona bastante aislada del condado de Lincoln (Nuevo México) para ver si habían quedado muy dañadas debido a una fuerte tormenta que había caído durante la noche. Esparcidos a lo largo de tres millas de terreno dio con lo que parecían los restos de algún tipo de aparato volador, diseñado con un material ligero pero robusto. Habiendo escuchado unos días antes que se ofrecía recompensa a cambio de información sobre OVNI’s en la radio, recogió algunos de los escombros y los llevó al departamento de policía de Roswell, localidad situada a 75 millas de donde sucedió el presunto accidente. El sheriff se lo notificó al Roswell Army Air Field, lugar de residencia del 509 de Bombarderos (la única escuadrilla de bombarderos de armas atómicas del mundo), una de las bases militares de alto secreto de las varias que había en la zona.

Entra en escena el mayor Jesse Marcel: el 7 de Julio el oficial de inteligencia acompañó a Brazel a la zona donde se encontraban los desperfectos. Al día siguiente los militares habían precintado el área. Enviaron una notificación a la prensa indicando que “los rumores acerca de un platillo volante se convirtieron en realidad durante el día de ayer”. Esa nota generó una tormenta de actividad, con llamadas de cualquier parte del mundo solicitando mayor información. Marcel fue enviado a la base militar de Forth Worth, donde recibió nuevas ”instrucciones”. Aquella tarde, el mayor, en compañía del General Roger Ramey enseñó a la prensa los restos de un globo meteorológico. Ramey afirmó que había sido erróneamente confundido con el platillo. La prensa pronto empezó a perder interés en el incidente. Brazel fue interrogado sobre el suceso durante más de 72 horas. Cuando volvió a casa, nunca volvió a hablar de su descubrimiento.

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¿Qué fue lo que realmente ocurrió en el desierto de Nuevo Mexico? ¿Realmente se estrelló una nave extraterrestre? ¿Iba pilotada por seres de otro mundo, e incluso uno de ellos sobrevivió y fue ocultado en una base militar estadounidense? ¿Se les practicó una autopsia a aquellos seres? O por el contrario, ¿se trató de una muy inteligente y elaborada cortina de humo para tapar los experimentos militares que estaban desarrollando en aquellos tiempos los poderes militares norteamericanos? ¿O tal vez era un experimento militar de un país no aliado de los Estados Unidos y se ocultó para no generar el pánico?

Independientemente del interés que pueda tener uno en la llamada ufología, y de la veracidad que otorgue a este tipo de casos, lo cierto es que el caso Roswell significó el génesis del interés moderno por los avistamientos de OVNIS, sean estos de origen terrestre o extraterrestre. Y no solo tienen interés desde el punto de vista ufológico, sino también en torno a la investigación militar y a las relaciones públicas y el manejo de la prensa: a día de hoy ya estamos acostumbrados a que ciertas cosas se tapen (todavía recuerdo los OVNIS que fueron vistos en Barcelona allá por 1992, los anuncios de TV3 para que su pusieran en contacto con ellos todos los que los hubieran visto o grabado, y como en menos de 24 horas se fulminó el asunto rápidamente indicando que se trató de un satélite en descomposición, cuando las imágenes que se habían visto mostraban seis objetos esféricos volando en parejas y en filas), pero aquello fue el momento cero. Desde entonces el mismo esquema se ha repetido una y otra vez, generando el llamado Síndrome Roswell, y nunca se ha llegado a saber la verdad. Salvo que realmente se tratara de un globo meteorológico, claro, y toda la cortina de humo montada fuera para ocultar la verdadera incompetencia del ejército. Sería toda una ironía.

DENVER - UNDATED: Major Jesse Marcel from the Roswell Army Air Field with debris found 75 miles north west of Roswell, NM, in June 1947. The debris has been identified as that of a radar target. The Air Force released a report on 24 June debunking reports of a UFO crash near Roswell, NM, in 1947. (Photo by: UNITED STATES AIR FORCE/AFP/Getty Images)

El auténtico Jesse Marcel mostrando los restos de un globo meteorológico a la prensa. ¿Fue realmente lo que cayó en Roswell o se trató de una tapadera para ocultar lo que realmente se había estrellado en los terrenos de Mac Brazel?

El misterio de Roswell: la película

En 1991, Kevin Randle y Donald Schmitt publicaron UFO Crash at Roswell, que se hizo muy popular en su día en EEUU y que servía también como complemento al libro pionero del tema, The Roswell Incident (1980), éste sí publicado en España por Plaza & Janés en 1981 con el título de El incidente y que venía firmado por el entonces popular periodista investigador de lo sobrenatural Charles Berlitz (que tuvo un enorme best-seller a finales de los 70 con su investigación sobre El triángulo de las Bermudas, y que también tuvo un enorme hit en las paredes de mi propia casa con aquel Un mundo de fenómenos extraños  que tuvo una perversa influencia en mi impresionable cerebro adolescente). Incluía entrevistas a más de cien nuevos testigos que en el libro previo, aunque según parece por los comentarios que he leído de aquellos que lo conocen, la objetividad y la ausencia de sensacionalismo precisamente no eran el fuerte de la obra. En cualquier caso sirvió de material para que Paul Davids, Jeremy Kagan y Arthur Kopit trabajaran en un guión sobre el episodio ufológico más importante de todos los tiempos, escrito de forma seria y sin grandes aspavientos (salvo alguno que otro al final), un intento de hacer una narración dramática y humana sobre un evento envuelto en misterio. Y lo consiguieron, quizá no del todo, pero si en gran parte.

Un poco de ubicación contextual: La primera temporada de Expediente X (“The X Files”) acababa de ser emitida en su país de origen -1994- y aunque no había conseguido un éxito de audiencia excesivo (eso vendría más tarde) despertó de nuevo el interés por la ciencia ficción en televisión. Durante los años venideros Mulder y Scully -benditos sean- serian la causa de que se dieran luz verde montones de proyectos catódicos fantásticos. Se podría señalar a El misterio de Roswell como una de las primeras “víctimas” de este resurgir del género del pozo en el que había estado metido.

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La película comienza en 1977: el grupo 509 de Bombarderos se reúne y un anciano Jesse Marcel (Kyle MacLachlan) comienza a hacer preguntas a sus antiguos compañeros de escuadra sobre lo que realmente ocurrió hace 30 años en Roswell. Marcel, aunque fue ascendido con posterioridad, fue ridiculizado por el caso en su momento y todavía es objeto de burla por ello. Pero aquejado de un enfisema pulmonar y sabiendo que no le queda mucho tiempo, se obceca con empeño en descubrir que fue lo que ocurrió aquel verano de 1947. Poco a poco empieza a recibir información por parte de antiguos soldados, periodistas o policías que estuvieron implicados de primera mano en el asunto, y como piezas de un puzzle, el objeto de su investigación comienza a tomar forma. La película se mueve entre 1947 y 1977 a medida que cada personaje cuenta su historia. Los flashbacks son ocasionalmente presentados en blanco y negro y otros estilos visuales para enfatizar las diferencias temporales. Así, cada flashback se va construyendo sobre el anterior, comenzando por las propias experiencias de Marcel -mostrando como ese material “ligero pero robusto” con el que estaba construido el objeto estrellado no era conocido por el hombre, y tenía la capacidad de regenerarse- y terminando con su encuentro con el misterioso personaje de “Townsend” (Martin Sheen), anunciado como el co-protagonista de la película aunque su tiempo en pantalla con suerte llega a los ocho minutos.

Durante su primera hora la película traza con inteligencia su recorrido en torno al obsesivo acontecimiento: es en su acto final, tomando la decisión de mojarse y mostrar a los ocupantes de la nave y dedicar espacio a la famosa autopsia extraterrestre cuando deja ser una cinta de misterio ufológico, y pasa a ser directamente ciencia ficción. Es decir, que a la película le ocurre lo que al libro que adapta, aunque mantenga un tono mucho más neutro durante todo su metraje: pero en cualquier caso se guarda un as en la manga hacia el final, muy inteligente, por cierto, que la emparenta tanto con Expediente X como con (lo siento, tenía que decirlo) el reciente La historia secreta de Twin Peaks de Mark Frost. Admito que ha sido la -excelente- lectura del libro del escritor de La lista de los 7 la que me ha llevado a revisar esta TV movie que tenía ya bastante olvidada desde aquel lejano pase en Canal Plus hace cosa de 20 años, y me he encontrado con un título que mantiene alto el feel de conspiranoia. Por cierto, si quieren seguir estirando esa conexión con Twin Peaks y han leído el libro de Frost, ¿no están seguros de que el personaje de Townsend no se trata realmente de Dougie Milford bajo una de sus falsas identidades? (Ah, que larga se me está haciendo la espera de la dichosa tercera temporada, que ya me estoy montando mis propios jueguecitos…) Los hilos que mueven al personaje de Martin Sheen están ocultos, son invisibles para el espectador, y se desenvuelven en el terreno de la ambigüedad: da la sensación de tratarse de un colaborador de Marcel, pero sus frases finales, envolviendo la verdad de diferentes versiones y no dando respuestas claras, dan a entender también que la memoria es traicionera y que uno ve lo que quiere ver: a efectos prácticos, el cover-up del gobierno norteamericano podría tratarse de cualquier cosa. Extraterrestres, desde luego, pero también armas químicas, experimentos, o viajeros de dimensiones paralelas… El escenario ha sido montado, y aunque Marcel encuentra su liberación personal después de tantos años con esa nube negra sobre él (ignoro cuánto hay de real en ello) y logra una reconciliación con su hijo Jesse Jr. (Doug Wert) en una buena aportación humana a la historia, debe asumir que proseguir con la investigación le llevará a convertirse en un hámster dando vueltas y vueltas a una rueda sin fin.

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Aunque se trate de una película televisiva, se hizo para una cadena por cable (Showtime), lo que implica altos valores de producción (el ejemplo de TV Movie que se estrena en salas de cine en algunos países, como ocurrió en este caso en Japón). El reparto está lleno de caras conocidas, y vemos pasar por ella al actor y cantante Dwight Yoakam (interpretando al granjero Mac Brazel, del cual se da una explicación bastante creíble de porqué decidió guardar silencio el resto de su vida), a Nick Searcy (el ayudante de policía de American Gothic y años después jefe de Raylan Givens en Justified) como el enterrador que fue contratado para diseñar los ataúdes de los (presuntos) extraterrestres, Charles Martin Smith (el más tocable de Los intocables de Elliott Ness) como el sheriff de la localidad, un jovenzuelo Ray McKinnon (el primer cura de Deadwood, aunque a día de hoy es más conocido por ser el creador y guionista de la maravillosa serie Rectify) como su ayudante o veteranas leyendas andantes como Bob Gunton o Philip Baker Hall. Por su parte MacLachlan aguanta perfectamente bien el tipo. Mientras a la versión joven de Jesse Marcel la interpreta con sus habituales tics de simpático y sano WASP, elabora una versión anciana del personaje trabajada y repleta de manierismos, resultando convincente más allá del maquillaje. Por su parte, Martin Sheen roba el show con su escena, y aunque no se trate desde luego de una de sus composiciones más inolvidables, resulta  bienvenido. El telefilme tuvo una buena acogida, y fue nominado al Globo de Oro en la categoría de mejor película hecha para TV o mini-serie.

Declaraciones de Paul Davids, guionista y productor ejecutivo de la obra (1): “Nos comprometimos a no hacer una película de ciencia ficción, no una historia de platillos volantes, sino un relato de impacto social y dramático que explorara el lado humano de su historia”. Bien, medias tintas en la valoración final: se nota (y agradece) ese esfuerzo por envolver de fuerza dramática a la película, y sin duda hay una inquietud a la hora de tener como uno de los temas principales el uso de los medios de comunicación y de las maneras de manipular a las masas por parte de las agencias de control. Y por tratar de destapar la verdad oculta entre cortinas de humo dentro de insidiosos planes no deja de crear un arco en torno a su personaje principal y construirle un buen “viaje” de superación personal.… pero El misterio de Roswell, al menos en tiempo presente, y mientras no se pueda conocer la verdad en torno a su misterio, pertenece al género de ciencia ficción y de difícil forma podrá ser entendida de otra manera. Al menos, hasta que recibamos definitivamente una señal desde el cielo.

Javier J. Valencia

(1)    Extraído de Wrapped In Plastic #12, Agosto 1994.

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