LaOtra presenta: 70 minutos para huir (Miracle Mile, Steve DeJarnatt, 1988)

Una de las iniciativas más peculiares e interesantes que ha dado de sí la oferta cinematográfica barcelonesa durante este 2013 ha sido la del ciclo LaOtra, que añade alicientes extras aparte del mero hecho de acudir a los Cinemes Girona a ver una película. Cuenta la leyenda (o la nota de prensa, que viene a ser más o menos lo mismo) que sus organizadoras tuvieron la idea de crear un ciclo de cine de amor tras ver una película en un festival de cine de terror. Vamos, algo así como la otra cara de la moneda de lo que vendría a ser un Festival de Sitges, por ejemplo. Demonios, ¿Por qué no? Al fin y al cabo de experiencias oscuras y desagradables a nivel de género andamos bien servidos durante el año (y que dure), pero perfectamente se puede crear una versión al otro lado del espejo con la que convivir. Al cocktail se le añade la participación de un grupo musical invitado previo a la proyección del film (en este caso, Mr. Mîsael y los atormentados), palomitas, cerveza y hasta confetti, para celebrar el clímax de la proyección que toque.

De momento ha habido pases muy variados, desde clásicos del cine ochentero como La chica de rosa, de John Hughes, a clásicos como la copa de un pino como Malas tierras, de Terrence Malick. Pero estáis leyendo El pájaro burlón, la página que se escribe desde un mundo colapsado y condenado al olvido, y para estrenarnos en un evento de estas características no podríamos haber escogido un pase que se adaptara mejor a nuestra idiosincrasia: Miracle Mile, de Steve DeJarnatt, que en España conoció los alternativos títulos de 70 minutos para huir y Setenta minutos para morir.

Harry Washello (el simpaticote de Anthony Edwards, futura celebridad televisiva gracias a su papel protagonista en Urgencias), mientras pasea por el Museo de Historia Natural de Los Angeles, se enamora a primera vista de Julie Peters (Mare Winningham, de larga e inabarcable carrera, vista últimamente en Hatfield & McCoys o Mildred Pierce, por citar un par de ejemplos). El sentimiento es mutuo y ambos quedan en verse esa misma noche. Pero por accidente, Harry se queda dormido e intenta dar con ella buscándola en el restaurante donde trabaja. Hasta aquí les podría estar hablando de cualquier comedia romántica y juvenil de la época… pero la narración da un vuelco estremecedor cuando Harry contesta una llamada a una cabina telefónica donde por error se le da a entender que americanos y rusos se están lanzando misiles nucleares unos contra los otros, e impactarán en menos de 70 minutos. Harry comenzará entonces una carrera desesperada en busca de Julie para escapar los dos del holocausto que se avecina, aunque paso a paso el ambiente se irá volviendo más caótico y enloquecido.

Miracle Mile fue, durante los primeros 80, un guión legendario en lo que los americanos llaman Development in Hell, es decir, proyectos que por una razón u otra nunca llegan a materializarse a pesar de contar con libretos que prometen una buena película (como es el caso) y que acaban por lograr su propio status mitológico como “películas que nunca fueron”. Llegó incluso a pensarse en su argumento para que fuera la historia central de otra película maldita de los 80, la adaptación a la pantalla grande de The Twilight Zone (En los límites de la realidad), y fue elegido en 1983 por el American Film Magazine como uno de los 10 mejores guiones jamás realizados. Finalmente el propio autor, Steve DeJarnatt, acabó comprando los derechos de su propio guión (a Warner, que quería un proyecto a gran escala pero no dirigido por su inexperimentado autor) y realizándolo en 1988 tras haberlo reescrito para poder hacer la película desde su visión pero con un presupuesto pequeño (algo menos de 4 millones de dólares). Por desgracia, no llegaría ni a recaudar la mitad.

Los años habían pasado desde que fue un proyecto indicativo de éxito, y para cuando por fin la película vio la luz, quedó como un muy oportuno canto de cisne a la amenaza nuclear en el cine. Gorbachov y Reagan ya se habían apretado las manos, el muro de Berlín estaba a punto de caer y la Guerra Fría daba sus últimos coletazos. Ahora todo esto parece reflejar claramente el por qué del batacazo en taquilla que se llevó la película en su día, ya que probablemente el público estaba deseando cambiar de tercio respecto a los terrores político-sociales y nuevos temores comenzaban a acechar al mundo, una vez superado el pánico a que se “apretara el botón”. Pero se llevó por delante la carrera de DeJarnatt, que previamente había realizado la comedia de ciencia ficción protagonizada por Melanie Griffith Cherry 2000 y que después del fiasco –comercial, que no artístico- de su querido proyecto ha visto su trabajo limitado a series de televisión, y no de HBO precisamente.

No hay que buscarle excesivos pies al gato ni un sentido coherente a las andanzas del pobre Harry Washello durante la búsqueda de su recién encontrado amor en un mundo a punto de irse al cuerno: la lógica de las pesadillas invade la película en todo momento, desde personajes que ignoran sus advertencias cual profeta maldito, a otros que al creerle se convierten en animales salvajes capaces de todo por la supervivencia. Las andanzas de Washello –y su traje de colores imposibles- recuerdan bastante a las de otros héroes nocturnos de los 80, como los que popularizaron Griffin Dunne en Jo! Que noche, de Martin Scorsese o Jeff Goldblum en Cuando llega la noche, una de las mejores películas por cierto de John Landis.

Miracle Mile pertenece al cine romántico de los 80, al cine apocalíptico “de anticipación” (imagínense un cruce entre el cine de John Hughes y La hora final de Stanley Kramer), pero también a ese sub-género de la vida nocturna de las grandes urbes que se popularizó a finales de la década de los 80 y primeros 90. Otro elemento destacable es la banda sonora de Tangerine Dream, grupo que musicalmente encuentro muy interesante pero que ha terminado de matar ciertas películas al enclavarlas melódicamente en una época muy concreta (véase Ladrón de Michael Mann o Carga maldita de William Friedkin). Su estilo no ha envejecido realmente bien, y sin embargo sí funciona a la perfección aquí, en una película que parece disfrutar tanto perteneciendo a su época y lugar, resultando inimaginable en otro contexto.

El pájaro burlón estuvo en el evento y en el photocall nos llevamos de recuerdo esta foto que nos hicieron muy amablemente las chicas de Irati Photography

A pesar de su poca repercusión, la historia de Miracle Mile tuvo un final feliz (el de más allá de la pantalla, el de su película… ¡según se mire!). Alcanzó el status de película de culto antes de la llegada de Internet (a día de hoy el diferenciador de una cult movie nacida de “modo orgánico” y la nacida de “manera artificial”) y mantiene un grupo de seguidores bastante fiel que se han encargado de reivindicarla, logrando que no cayera en el olvido. LaOtra además nos ha permitido disfrutar de ella dentro de su muy agradable entorno festivo en pantalla grande, por lo que seguiremos atentos a sus próximos pasos (y pases)…

Javier J. Valencia (con la colaboración de Xavi Torrents)

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