Lobezno inmortal (The Wolverine, James Mangold, 2013)

Actualmente existen dos vías habitualmente comunes a la hora de enfocar las películas de superhéroes. La de Marvel/Disney, de corte desenfadado, mucha acción y bastante comedia, y la de DC/Warner, con un cierto cariz serio, algo de drama introspectivo y del mismo modo que su rival gran espectacularidad. Pero originalmente, allá por la década pasada, cuando lo de los superhéroes en el cine era algo nuevo, no había un “piñón fijo” y se tanteaba el terreno en muchas ocasiones en pos a la particular visión de sus autores. Pero el patrón original fue aquel sorprendente título que rodó Bryan Singer en el año 2000 adaptando X-Men en forma de una estupenda película que sería el inicio de una rentable –pero un tanto desigual en términos de calidad- franquicia de películas.

Precisamente, esa franquicia tiene su propia identidad, casi podríamos hablar de una tercera vía que sería la de Marvel/Fox, de momento centrada en el universo mutante en espera de que Los 4 Fantásticos vuelvan a la gran pantalla. El mix vendría a ser una buena cantidad de drama, pero sin los vestigios de trascendencia que suele haber en las producciones Nolan para DC. Con una mirada más centrada en el público joven, ya que el tema central de los mutantes es la marginación y es bastante asumible para cualquier adolescente hormonado que está en ese periodo de su vida en el que nadie le comprende. Se le añade, por supuesto, mucha acción y aventura, y es casi obligatoria una buena definición de personajes. A medio camino entre la presunta profundidad DC y la ligereza Marvel / Disney. Y en esa liga se encuentra Lobezno Inmortal.

Años después de lo ocurrido en X-Men 3: La decisión final, Logan se ha retirado a vivir a las montañas traumatizado por haber acabado con la vida de su amada Jean Grey. Olvídense del plano final de aquella con el mutante canadiense feliz como unas castañuelas en la terraza de la Escuela Charles Xavier para Jóvenes Talentos. Se supone que después de eso le vino el bajón. El fantasma de Fénix le persigue y sirve para que Famke Janssen haga varias apariciones en forma de ensoñación que hacen gracia la primera vez pero paulatinamente van cansando más y más. Ni sirven de mucho narrativamente hablando ni tienen precisamente los diálogos más elaborados del mundo, dando la sensación de que se han hecho un poco deprisa y no muy bien (el último en concreto solo me convence en el caso de que se trate de la mente culpable de Logan, por que si el espectro de Jean es así de cruel, mal asunto). Una Yukio (Rika Fukushima) muy diferente a la del cómic viene a buscarlo para llevárselo a Japón y pueda despedirse de Yashida (Hal Yamanouchi) un hombre al que salvó la vida en Nagasaki durante la II Guerra Mundial y cuya hora final se acerca. Pero una vez en tierras japonesas Logan descubrirá que la nieta de su antiguo camarada es víctima de un intento de asesinato y como cuestión de honor intentará defender su vida… notando que algo extraño empieza a ocurrirle a su factor de curación, el cual parece haber disminuido considerablemente debido a una argucia tramada por la maquiavélica Víbora (Svetlana Kodchenkova). Lo cual no impedirá que a pesar de sufrir lo suyo, el personaje deje que comerse una cantidad ingente de balas y sopapos.

El mayor problema que tiene es que no oculta su condición de película piscolabis. Cuando uno termina de verla tiene la sensación de que ha dedicado un par de horas en ver una aventurilla de Lobezno casi para matar el rato mientras espera el plato fuerte del año que viene: X-Men: Days of the Future Past (cada vez que pienso en lo que esta promete, me da un agradable gusanillo en el estómago).

El momento de la película que más emociones despierta es la escena post-créditos (aunque ahora ya no hay que esperar al final de todos los títulos de crédito para ver este tipo de epílogos, ya que se está poniendo de moda ponerlos hacia a la mitad), que es el momento en que se entronca con la aventura que viviremos el próximo año. Lo cual no quita que resulte un aceptable entretenimiento veraniego y que al menos sea digna, apelativo que no se puede añadir del todo a X-Men Orígenes: Lobezno, la anterior aventura en solitario del personaje, que a pesar de que a nivel personal no me resulta tan molesta como a casi todo el mundo (por aquello de que me hacía cierta gracia ver la pasarela de personajes del cómic que aparecían sin cesar, aunque es cierto que el film ofrecía poco más) sí que reconozco que tenía un guión más estúpido que sentarse con el culo en la cara. Lobezno Inmortal empieza bien, y tiene un primer tercio bastante entretenido, los personajes están bien presentados, las escenas de acción correctamente resueltas (al final ha resultado que la tan cuchicheada escena del tren estaba bien y todo), pero se pone un tanto aburrida en su parte central, cuando el romance –un poco soso a pesar de los esfuerzos de Jackman y la hermosa Tao Okamoto interpretando a Mariko Yashida, el otro amor del personaje- se convierte en la trama principal. Vuelve a mejorar en su arco final, cuando se solucionan las tramas (que terminan siendo un curioso mejunje entre la clásica mini-serie que Chris Claremont y Frank Miller le dedicaron al personaje, la posterior visita del mutante a Japón cuando Uncanny la dibujaba el genial –y quizá no recordado tal y como se le debería- Paul Smith y un porcentaje de material nuevo y un tanto loco que resulta apañado) y logran un bien llevado nivel de tensión.

Pero a pesar de todas sus carencias, la película la aguanta bastante bien Hugh Jackman, con solvencia. Sabe de sobra como manejar a Logan a su antojo y eso el espectador lo agradece, sabiendo cambiar su registro cuando es necesario, teniendo sus puntitos de humor en momentos determinados –ojalá otras películas superheroicas hicieran lo mismo- y manteniendo la película cuando más decae. Si hace catorce años, cuando leyendo un ejemplar de la revista Dolmen (creo recordar) me enteré de que un cómico y cantante australiano iba a sustituir a Dougray Scott (¿Qué habrá sido de él?) para interpretar al legendario personaje, me hubieran dicho que a día de hoy iba a estar escribiendo estas líneas, hubiera pensando que tal mensaje provenía de un futuro alternativo tan demencial como los que suelen aparecer en las mismísimas series mutantes.

 Javier J. Valencia

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