Linterna verde (Green Lantern, Martin Campbell, 2011)

No hace falta ser un experto en finanzas para deducir que Marvel le está dando sopas con ondas a DC en cuanto a la explotación económica de sus personajes en pantalla grande. Es más, en torno al estreno de Los Vengadores, los padres de Spiderman han dado con una fórmula, iniciada con Iron Man, de hacer un cine ligero, de aventuritas de consumo rápido, romances facilones y mucho humor “enrolladete”, que les está funcionando comercialmente (artísticamente, pues así-así) a la perfección.

Aparte de los Batman de Nolan, y hasta la llegada del Man of Steel de Zack Snyder, DC pareció tantear el terreno con personajes “menores” de la casa sin dar con las teclas adecuadas: Catwoman o Jonah Hex, bastante desastrosas,  son buenos ejemplos de ello. Cuando llegó la hora de enfrentarse a uno de los personajes “clásicos” de la casa no se atrevieron con un proyecto arriesgado e intentaron seguir la fórmula que tan buenos dividendos les está dando a su rival. Pero debieron mezclar los ingredientes con pólvora, porque el resultado les salió rematadamente mal.

Green Lantern nació en su versión original en la serie All American Comics en 1940. En su primera versión, la correspondiente a la Edad Dorada del cómic superheroico, el hombre debajo del antifaz era Alan Scott (1), que usaba una linterna verde con la cual se fabricaba un anillo que le otorgaba mágicos poderes y con los que se enfrentaba al crimen. Fue muy popular durante la década de los cuarenta, en la que tuvo a guionistas de la talla del luego novelista Alfred Bester (2), quién por cierto añadió a la mitología del personaje el juramento que debe recitar antes de recargar el anillo. Pero a principios de los cincuenta es uno de los personajes que sufrió la debacle del género perpetrada por el Dr. Fredric Wertham y su séquito (3)  y cayó en el más completo de los olvidos. En 1959, Julius Schwartz, el editor de la (ya por entonces) DC Comics, con el éxito fresco por su “recreación” del personaje de Flash, hizo lo mismo con Linterna verde: en su versión moderna fue el piloto de aviones Hal Jordan, y el poder le llegaría directamente de un anillo, que también debía recargar de una linterna. En este caso el poder iba a ser cósmico y no sería el único de la galaxia: se trataba de un cuerpo policial intergaláctico, donde cada uno de los poseedores de un anillo defendería un sector (Jordan se encargaría del 2814, donde está ubicada la Tierra) y harían cumplir la ley que ordenaban Los Guardianes del universo, una raza que existía prácticamente desde el albor de los tiempos y que se encargaba de mantener el orden en el cosmos. En realidad, estos cambios respondían al deseo de Schwarz de diseñar un personaje más cercano a la ciencia ficción y poderlo combinar con los super-héroes. Conoció un enorme éxito y pasó a ser una de las figuras más icónicas del universo DC. Clasifiquemos: los tres primeros serían Superman, Batman y Wonder Woman, que conoce cualquier hijo de vecino, los siguientes Flash y Linterna verde, no tan populares pero sí que al menos llevan a los no-seguidores del género a opinar como mínimo que “les suenan de algo”.

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Entonces, resulta que si hay un personaje del Universo DC con una mitología rica y atractiva, ese es el buenazo de Hal Jordan –reconvertido en un chulazo con carisma por Keith Giffen en su mini-serie de cómic Amanecer esmeralda a finales de los 80, alejándole (solo un poquito) de su clásica concepción original de muchachote noble de mandíbula cuadrada, cómic por cierto del cual han cogido varios elementos para el film-, y el proyecto, durante años, sonaba prometedor. Un director de demostrado talento, Martin Campbell –artesano especialista en cine de acción y de aventuras, como Goldeneye y Casino Royale, y director de una obra maestra de la televisión, el episodio Tres hombres y Adina de la serie Homicidio, que debería de estudiarse tanto en las clases de dirección como de guión de series de TV-, un reparto competente como mínimo, una inversión generosa por parte de Warner para dar vida a los poderes del protagonista, bastante complicados de presentar en pantalla, todo sea dicho… Pero mientras se trabajara sobre un guión de calidad pobre, no había milagros posibles.

El tratamiento del personaje y su universo no fue juvenil, como pudieran serlo algunas “Marvel” recientes: fue infantil, y poco serio, pero en términos de coherencia interna: el propio personaje principal se cuestionaba ante su novia lo ridículo que es todo lo que sucedía a su alrededor. Hal era entrenado veinte minutos por el coach del cuerpo de Linterna verdes, Kilowog, que luego se vanagloriaría de lo bueno que es; en el cómic el entrenamiento duraba semanas, dándole sentido verdadero a dicho ejercicio. Siniestro fue presentado básicamente como un antipático de proporciones cósmicas, no estableció ningún tipo de lazo emocional o afectivo con el protagonista, su conversión en villano hubiera importado pues un pimiento, a grandes rasgos todo estaba tan mal montado desde su concepción que solo cabía lamentar la existencia de los Guardianes de la galaxia y de su dichoso cuerpo, por que no hicieron más que traer el mal a los demás a pesar de sus buenas intenciones (presuntas, que en la película tampoco es que quede claro precisamente, ya que había un momento en el que no parecía importarles demasiado la destrucción de la Tierra). Tantos millones de años con Parallax habiendo sido un enemigo indestructible para los Guardianes para que Hal encontrase la manera de derrotarle que se le podría haber ocurrido a un niño de seis años y que le llevó aproximadamente siete minutos de su tiempo, que era muy caro y había de malgastar con payasadas varias… eso sin destacar la condescendencia a la “estrella” de la película y sus arranques de graciosillo, el pésimo Ryan Reynolds, que está -entonces y ahora- a años luz de tener el carisma de un Robert Downey Jr, por citar un ejemplo doloroso (y lo dice alguien que no se confiesa como fan del protagonista de Sherlock Holmes precisamente). Al final, aquel proyecto “cómico” del personaje con Jack Black que se rumoreó durante un tiempo de protagonista no era tan mala idea, vista la gracia de Reynolds, al menos en eso habría salido mejor.

Por simpatías a Campbell, a una factura no del todo desdeñable (aunque el exceso de infografías le daba un toque como de carencia de alma al asunto), y a un personaje que merecía mucho más, daban ganas de que el mismo equipo hubiese hecho la película otra vez, pero ahora bien. Pero  fue un fracaso comercial merecido. “Los frikis compran cualquier cosa” es una mentalidad que abunda en Hollywood últimamente –y bastante cierta, maldita sea-, y dicha mentalidad debería borrarse lo antes posible. Para evitar que sucedan accidentes como este.

Javier J. Valencia

(1) Originalmente iba a llamarse Alan Ladd, por su parecido fonético con “Aladdin”, pero el actor del mismo nombre empezó a emerger como estrella en Hollywood y se decidió cambiarlo.

(2) Alfred Bester (1913-1987) es uno de los escritores más célebres de la ciencia ficción moderna, y, opinión personal, uno de los mejores. Entre sus más célebres novelas se encuentran “El hombre demolido” (1953), “Las estrellas mi destino” (1956) o “Computer Connection” (1975)

(3) Fredric Wertham (1895-1981) es tristemente popular gracias a su libro La seducción del inocente (publicado en 1954, aunque anteriormente ya había comenzado a pregonar su cruzada), el cual acusaba a los cómics de inducir a los jóvenes al crimen y la perversión sexual, y que causó un auténtico revuelo en la época, siendo la causa de una investigación por parte del Senado, la instauración del Comic Code y lo peor, la causa del cierre de montones de series e incluso editoriales, y de dañar la imagen de los tebeos, creando unos prejuicios hacia ellos que se mantienen en muchos casos todavía hoy en día.

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