Jupiter’s Moon (Kornél Mundruczó, 2017)

Es innegable afirmar que el fantástico está en auge. Cada vez hay más largometrajes que emplean el género de la ciencia-ficción o la fantasía para narrar sus historias y huir así de los convencionalismos del drama clásico, con la esperanza de explorar rutas alternativas para transmitir mensajes de un modo más atractivo. También es innegable decir que Jupiter’s Moon levantó bastante polémica cuando se anunció de forma oficial que se había alzado con el premio de Mejor Película en la cincuenta edición del festival de Sitges. Y es que Kornél Mundruczó (White God, 2014) brindó un film que sirve como denuncia social hacia el comportamiento y la actitud de Europa frente a los refugiados mediante el fantastique. El cual emplea, no solo como vía narrativa, sino como elemento para enmascarar el compendio de metáforas que conforman el largometraje. Cazarlas al vuelo no es una tarea difícil, Mundruczó precisamente lo que quiere es que su crítica social cale hasta en el espectador menos entrenado.

Jupiter’s Moon no se anda con chiquitas ni sutilezas a la hora de mostrar el infierno que viven los refugiados a partir de un conjunto de imágenes frívolas que no son más que una representación de la realidad. No hay filtros. Mundruczó inicia su largometraje con una escena similar a la de El Amanecer del Planeta de los Simios, donde, en esta ocasión, los refugiados son tratados como ganado y están siendo “cazados” en nombre de aquellos que establecen las leyes y que no quieren mancharse las manos de sangre. Tan crudos quiere que sean determinados momentos del film, que ni tan solo se para a pensar cortes para el montaje y rueda las escenas con planos secuencia para mantener esa tensión y angustia al límite. Implicando al espectador en ese juego del gato y el ratón para que pueda ver de primera mano, por un medio que no sea el televisivo, el modus operandi de las autoridades frente a algunos altercados. Exagerando la realidad, sí. Obviamente estamos en una película y lo que presenciamos es mera ficción, pero Jupiter’s Moon es más realista de lo que parece; como los primeros pasos del terrorismo, los chantajes o el funcionamiento de la alta sociedad.

Sin embargo, y aún a pesar de que las ideas que transmite Mundruczó son muy interesantes, la ejecución como tal del film no funciona del mismo modo. El ritmo de la cinta no siempre se mantiene a la misma altura y hace que el interés por ella decaiga inevitablemente. Desde su ya increíble inicio se sabe, más o menos, por dónde irán los tiros, y la llegada del clímax es demasiado tardía. Cuando el espectador ya lleva encima dos horas de metáforas religiosas y ya no hay más jugo que exprimir. Incluso por muy trabajadas que estén sus secuencias de acción, ayudadas por dosis justas de suspense, la duración se le va un poco de las manos y le pasa factura.

Aunque, por suerte, el film que nos ocupa cuenta con un reparto carismático que logra expresar el sentimiento de empatía con total normalidad. Desde su protagonista, Zsombor Jéger –el refugiado volador- hasta el villano implacable que no se detiene ante nada ni nadie, György Cserhalmi, se implican en cuerpo y alma en representar a sus personajes correspondientes.

La última película del director Húngaro goza de una excelente fotografía, unas escenas de acción coreografiadas al milímetro y unos efectos especiales correctos. Obliga a hacer examen de conciencia sobre una gran cantidad de conceptos y funciona adecuadamente como entretenimiento moderado. Explora las mutaciones que puede sufrir el fantástico en cuanto a adecuación de contenido y transmisiones de mensajes. Algo que para aquellos que busquen más dentro del fantástico que no solo sea monstruos, terror o conflictos espaciales, es ideal.

Xavi Mogrovejo

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