La posibilidad de una isla (La possibilité d’une île, Michel Houellebecq, 2005)

possibilidadCABECERA

Uno de los escritores más polémicos de las últimas décadas, Michel Houellebecq, es amado y odiado a partes iguales por fans y detractores, situación que parece disfrutar el propio autor de obras como Las partículas elementales (1999, Anagrama) o Plataforma (2002, Anagrama), el cual parece tener siempre a punto para aportar un nuevo comentario nihilista, deprimente o racista en sus apariciones en público y no digamos ya en sus novelas. Como una estrella del rock consciente de que su obra proviene tanto de su imagen pública como de sus discos, el autor sigue alimentando el interés, para bien o para mal, alrededor de su figura a cada nuevo paso en su carrera.

Así, con su debut en la dirección, como quedó demostrado durante el pase en el Festival de Sitges 2008, la expectación en torno a su obra (literaria o cinematográfica) parece seguir intacta. Ahora bien, las repercusiones de su obra ya no parecen dividir a partir de este film: el número de detractores de la película parece superar enormemente al de sus seguidores, en gran parte debido a la enorme decepción que se llevaron los incondicionales de la novela original.

posibilidad02CABECERA

No es para menos: Houellebecq se salta con pasmosa arrogancia las bases mínimas estructurales para que su historia tenga sentido, obligando al espectador a cambiar de tema interno a tratar de una escena a otra, como si solo “rascara” muy por encima las inquietudes de su libro, para terminar dando la sensación de que, a) o perdió el interés por dirigir al poco de empezar su obra y terminó haciendo el trabajo con una desgana enorme, o b) la opción que creo más factible, a Houellebecq solo le interesaba plasmar en imágenes ciertos momentos de su libro, no necesariamente los que le hubieran otorgado a la obra una solidez de la que carece, sino aquello que probablemente el cree que son los mejores o los merecedores de tal honor. Es decir, casi se podría plantear como un título que solo interesará a los lectores del libro original, y no a todos, si no a aquellos que quieren un complemento en imágenes de algunos segmentos. Una colección de fotografías de un universo mucho más amplio (y mucho más estimulante, lo cual no es muy difícil).

Se salvan del desastre, y de paso le otorgan de un cierto interés ocasional, las buenas interpretaciones de sus actores principales, el siempre más que solvente Benoît Magimel, Patrick Bachau y nuestro Jordi Dauder. También algunos momentos situados en los pasajes futuristas del libro, donde Houllebecq parece haber cuidado bastante el diseño de producción y la fotografía y donde a pesar de su austeridad tiene un cierto toque a fantástico de los años 70, una cierta mirada a un Nicholas Roeg o a un Peter Weir. Pero en el primer caso, ver a actores interpretando papeles que conocen (puesto que han hecho los deberes y se han leído la novela original) y saben llevar a buen puerto no sirve de nada si están metidos en escenas de nulo interés para el espectador, y en el segundo bonitas instantáneas del día de mañana no aportan nada si durante todo el metraje hemos llegado hasta allí sin mucho sentido por parte del narrador, ni ganas por la del espectador.

Un plato farragoso y de difícil digestión, solo recomendable para verdaderos fanáticos de su autor sin miedo a dejar de creer en su presunta infalibilidad.

Javier J. Valencia

 

 

Esta entrada fue publicada en Cine Ciencia Ficción y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.