Han Solo: Una historia de Star Wars (Ron Howard, 2018)

Desde que Disney comprase Lucasfilm, las películas de Star Wars han vuelto a los cines para convertirse en eventos masivos de fans acérrimos al juguete que George Lucas inició en 1977 con ‘La guerra de las galaxias’. No contentos con estar cursando ahora mismo una nueva trilogía que conecta con la historia principal de la familia Skywalker -es decir, con la trilogía original y la de precuelas- Disney optó hace dos años por empezar un serial de spin-off para no dejar nunca de saciar el apetito de los fanáticos. ‘Rogue One’ –del no soy defensor en absoluto- de Gareth Edwards fue el pistoletazo de salida a ese ciclo de películas de “acompañamiento” que se encargan de narrar momentos clave entre episodios de la saga que hasta ahora no se habían mostrado y de contar aventuras de personajes míticos de la saga, como es el caso de la reciente ‘Han Solo’. ‘Solo: A Star Wars Story’ tenía todas las de perder, sin contar con Harrison Ford como el personaje de Han, este spin-off parecía que iba a ser un fracaso absoluto; tanto para los seguidores por no contar con uno de sus ídolos de infancia, como para Disney por el batacazo inmenso que iba a llevarse por parte de los mismos.
Pero resulta que ‘Solo: A Star Wars Story’ es una verdadera fiesta. Una sorpresa que Howard ha cocido a fuego lento y nos ha regalado sin pedir nada a cambio. No necesita a Harrison Ford para que su historia brille –cuenta con Lawrence Kasdan en el guión, que se encargó de ‘El imperio contraataca’ y otras secuelas- y funcione como un western clásico, cambiando caballos y revólveres por naves espaciales y blásters, y al susodicho Ford por un Alden Ehrenreich que no tiene nada que envidiarle a su predecesor. Es difícil lograr un carisma similar al que Ford es capaz de desprender en pantalla por esa expresividad tan peculiar que consigue con su rostro. Empero, Ehrenreich, a sabiendas probablemente de lo realmente imposible que era acercarse a esas características tan personales de Ford, opta por captar la esencia de aquello que le hace tan especial y llevarla a su terreno. A lo desconocido ciertamente, puesto que no sabemos –por lo menos en la vía cinematográfica- cómo era el comportamiento de Han Solo: si siempre ha sido un bocazas, si siempre ha sido un Don Juan o si siempre ha tenido un as en la manga para salirse con la suya. Ehrenreich es el Han Solo de las nuevas generaciones, una figura fresca que sin duda Disney se va a encargar de explotar hasta la saciedad. Respaldado, como no podía ser de otro modo, por un Cheewbaca en estado de gracia con el que es imposible quedar descontento, como siempre. Y es un verdadero gozo ver sus primeros pasos juntos.


Aunque, bien es cierto, que el reparto que acompaña a Alden Ehrenreich es de un nivel incuestionable. Por allí tenemos a Woody Harrelson haciendo de Woody Harrelson, porque no importa en qué papel se meta; ya sea el de un sheriff con cáncer, el de un mata-zombis profesional o el de un mercenario con grandes dotes para las pistolas, siempre logra conmocionarnos. Pero a pesar de que Harrelson esté presente en el proyecto, los grandes alagados de los lleva Donald Glover como un contrabandista tramposo en su jovencísimo Lando Calrissian. Su presencia en el film es imperiosa, es el chute de adrenalina que ‘Solo’ necesita justo cuando la aventura va a dar inicio. Glover no solo es capaz de robarle, en ocasiones, el protagonismo a Ehrenreich –cuando este es el objeto principal del largometraje- sino que además de usurpárselo es capaz de lograr que nos interese su arco dramático. Y en muy poco tiempo, porque si de algo puede presumir ‘Solo: A Star Wars Story’ es de la cantidad de aventura que desprende por sus cuatro costados y el poco tiempo que emplea para presentaciones aún a pesar de que se trate de un film de orígenes.
Ron Howard ha reciclado la emoción de space opera de ‘La guerra de las galaxias’ de Lucas, respetando su visión acerca de su universo –los guiños están a la orden del día-, pero remodelándolo y creando un imaginario hecho a su medida para captar a nuevos jóvenes y atraparlos en las pegajosas redes de Star Wars. El director de ‘Willow’, aun dando esa sensación de frescura juvenil, ha preferido orientar el núcleo de su largometraje hacia ese spaghetti western que comentaba anteriormente –con asalto y robo a un tren incluido-. Sus personajes son bandoleros espaciales que se las ven con un Imperio que todavía está muy verde y está dando sus primeros pasos en la conquista de la su amada galaxia. Quizá presente problemas en su ritmo narrativo, pero ‘Solo: A Star Wars Story’ termina siendo un film memorable –y ahora ya imprescindible dentro de la filmografía de Star Wars- lleno de adrenalina, disparos, aventuras espaciales y con un submensaje apelando a la revolución encarnado en el androide L3-37.

Xavi Mogrovejo

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