Elysium (Neill Blomkamp, 2013)

Aplausos al final del pase de prensa de Elysium. Ahí queda eso. ¿Debido a que es una excelente película? ¿Una posible obra maestra? No, en absoluto. Lo que los aplausos resumen perfectamente es la reacción visceral que este film de Neill Blomkamp, igual que el anterior, Distrito 9 (District 9, 2009), produce en el espectador: cine de ciencia ficción con una frescura visual impecable, el cual navega constantemente entre una factura con influencia cinéfila de la ci-fi de Paul Verhoeven y James Cameron y entre un mensaje de crítica social claro y directo. Ya en Distrito 9 Blomkamp nos hablaba de la lucha de clases entre ricos y pobres con aquel apartheid entre humanos y alienígenas, y aunque ya quedaba claro el mensaje al que conducía aquel film, en Elysium éste es mucho más directo, mucho más visceral. Y es esa visceralidad unida al goce visual de la propuesta lo que consigue que como espectadores sencillamente disfrutemos como niños viendo el espectáculo y a la vez nos conmovamos por la temática revolucionaria que se manifiesta. Porque generalmente todos llevamos a un pequeño revolucionario dentro, y en estos días de hoy en que los ricos cada vez son más ricos y los pobres más pobres, pues un mensaje como el de este film despierta ese clásico y desgarrado grito de rebeldía. Por esa razón si cuando con la última escena fundiendo a negro Elysium termina provocando en la sala algún aplauso espontáneo, es bastante probable que instintivamente se te escapen a ti también unas celebradas palmadas.

Pero dejando de lado los aplausos, la película es un espectáculo notable, con un guión veloz y vertiginoso, que casi no deja descansar al espectador, metiéndole en una veloz carrera contra reloj. El montaje imbuido de frescura baila al compás de una banda sonora (Ryan Amon) de esas que, aunque no quieras, te va poniendo poco a poco el pulso en elevada sincronía con, por un lado, tu piel de gallina y, por el otro, la tensión que te va subiendo velozmente por la nuca. Y como no, ¿quién es el héroe del film? ¿Aquel con el que viajamos a través de toda la emoción? Pues no podía ser otro: Jason Bourne. Perdón, digo Matt Damon. Es gracioso porque recuerdo declaraciones de Damon cuando abandonó la saga Bourne alegando que quería descansar de hacer películas de acción que exigen una dura preparación física… pues señores las cachas de Damon en Elysium no tienen nada que envidiar a las de la saga del joven espía. Un Matt Damon totalmente entregado al proyecto desde principio a fin, dándole ese cariz de clásico personaje egoísta y solitario, despreocupado del resto de gente, concentrado solamente en sus asuntos; su vida se basa en trabajar en cualquier cosa en la que pueda, cualquier curro que le dé para vivir (no puedo evitar identificarme con él un poquito en eso…), en una vida de miseria y suciedad en la Tierra. Una Tierra que en el año 2154 se ha convertido en un vertedero donde la sociedad pobre y sin oportunidades está condenada a vivir sin alimentos y sin posibilidad de la medicina avanzada de la época, capaz de curar casi cualquier tipo de enfermedad. ¿Dónde está esa tecnología? En Elysium: una estación espacial que orbita alrededor del planeta donde las clases ricas y poderosas viven en una especie de paraíso terrenal. Cualquier habitante de la Tierra que intente viajar a Elysium o simplemente invada su espacio aéreo será considerado ilegal y será deportado. Ya podéis ver que el mensaje de crítica no es de medias tintas ni hay que buscarlo entre líneas; aquí las cosas por su nombre debe pensar Blomkamp.

Pues bien, ante un planteamiento así el aspecto visual de la película tiene una importancia capital. Y ahí el mundo diseñado por Blomkamp es excelente: la Tierra es una amalgama de la Sudáfrica pobre, del México más violento y sangriento y de las favelas más caóticas y peligrosas. Por otro lado, Elysium es un valle encantado, un manto verde con lagos y parques y grandes mansiones; es un Beverly Hills elevado a la enésima potencia. Todo ello en conjunto está diseñado con minucioso detalle, aprovechando la herramienta de efectos digitales pero en su justa medida manteniendo un equilibrio perfecto con el departamento de arte y vestuario. Todo ello logra meternos en ese mundo desde el minuto uno, permitiéndonos creer totalmente que ese puede ser claramente un futuro no muy lejano para todos nosotros. En cuanto a la amalgama social en la que viven los terrícolas, hay que hacer mención a que, aparte del inglés, la otra lengua más hablada en la película es el castellano, pues los barrios pobres de la Tierra están mayoritariamente habitados por habitantes latinos. Aspecto el cual es interesante por dos cuestiones: por un lado ver a Matt Damon chapurrear castellano no tiene precio, y por el otro da una visión muy clara de en qué peldaño social se puede encontrar la sociedad latina en perspectiva futura.

En cuanto al reparto, ya hemos comentado sobre el bueno de Matt, así que voy a hacer mención especial para, por un lado, Jodie Foster que está exultante en su papel de fría e intransigente Secretaria de Defensa de Elysium (ojo al excelente acento francés que pone la actriz), y por el otro también mención especial a Sharlto Copley: el que fue el protagonista de Distrito 9 es sin duda de lo mejor de Elysium; un personaje outsider total, casi convertido en mercenario que sirve a la Secretaria pero que está más loco que una cabra en toda regla, imprevisible, inesperado, feroz y destructor. Básicamente es un Terminator con la personalidad de Bane fusionada con la de Joker. Excelente este actor que sorprende en el film y hace que nos lo pasemos en grande con él. Y vaya hostias como panes que reparte al pobre de Matt, aún le deben de doler.

En resumen, Elysium funciona perfectamente como espectáculo y blockbuster, y al mismo tiempo es un film con un mensaje tan claro y directo que no es polémico o ambiguo, sino sincero y simple. Que nos guste más o menos o estemos de acuerdo con él ya es otra cosa que cada uno se lleva luego a su casa. Y aunque obviamente tiene algunos agujeros y fallos, solamente voy a destacar el que me parece más claro y más nocivo para el film: la continua y repetitiva referencia mesiánica para con el personaje de Matt Damon. En primer lugar, no es necesaria ni para el personaje ni para la película, queda claro que es un héroe que no busca serlo pero que se encuentra en las circunstancias de serlo (un héroe muy a lo cine de John Carpenter), por lo que el hecho de que se le vista con un aura mesiánica queda de lo más ridículo en más de un momento. En segundo lugar, una cosa es hacer referencia mesiánica, que ya estamos acostumbrados y nos lo tragamos, pero otra cosa es hacer que ese mesianismo se repita constantemente a lo largo del film hasta en sus escenas finales: lo único que se logra con eso es ser cansino, zafio y absurdo. Y es una lástima, porque como digo Elysium no necesita nada de eso, se aguanta más que bien por sí misma, con una excelente capacidad visual y con un notable espectáculo tanto para cinéfilos locos del cine de acción y ciencia ficción como para espectadores que simplemente buscan pasar un rato emocionante y adrenalítico. Ojalá Neill Blomkamp siga haciendo cine de este tipo durante mucho tiempo.      

Xavier Torrents Valdeiglesias         

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