El hombre que cayó a la Tierra (The Man Who Fell to Earth, Nicolas Roeg, 1976)

En 1966 aparecía editada la novela El hombre que cayó a la Tierra, escrita por Walter Tevis, famoso en gran medida por haber escrito la novela que daría pie a la brillante El buscavidas (The Hustler, 1961) de Robert Rossen, aquel amargo melodrama sobre un jugador de billar interpretado por Paul Newman, y su secuela El color del dinero (The Color Of Money, 1986, de Martin Scorsese), y en lo que respecta a esta casa queridísimo por ser el autor de la novela que da nombre a nuestro blog. Aunque presentada como una obra de ciencia ficción, realmente El hombre que cayó a la Tierra era una excusa que utilizaba el autor para echar un nada cándido vistazo a la raza humana a través de los ojos de su protagonista, el frágil Thomas Jerome Newton, cuya intención de llevar agua a su planeta natal para salvar a su familia se iba al traste cuando descubría que en este mundo la belleza de los recursos naturales no iba acorde con el funcionamiento de las mentes humanas. Tevis usaba tan solo a unos pocos personajes para que su relato funcionara, aparte de Newton, el profesor Nathan Bryce y la enamorada del extraterrestre Mary-Lou, que nunca llegaba a consumar su deseo por él debido a la asexualidad del extraterrestre. Estos personajes , moviéndose siempre entre zonas grises, eran conducidos por pasiones muy normales para el ser humano, pero que el libro hacía parecer absurdas otorgándoles una trascendencia sobredimensionada a través de la mirada de Newton.

Los años 70 están plagados de devaneos artísticos que tiran hacia la psicodelia, el amor libre y demás, y la ciencia ficción fue un recurso muy utilizado en el cine para construir todo tipo de metáforas sociales usando planteamientos de futuros distantes. Es la era pre-Luke Skywalker y compañía, y de ese modo vieron la luz obras como Zardoz (1974) de John Boorman, Quintet (1979) de Robert Altman, o La fuga de Logan (Logan’s Run, 1976) de Michael Anderson. En nuestro blog pronto nos dedicaremos a repasar estos “años dorados” del género, por cierto.  La novela de Tevis era un plato apetecible en cualquier caso, aunque en un primer momento fue pensada como un vehículo en lucimiento de Peter O’Toole. El proyecto cayó en manos del interesante Nicholas Roeg, que tendría durante esta etapa su punto álgido, en el sentido de que su particular cine fue mucho más aceptado durante esta década de los 70 gracias a títulos como Perfomance (1970), Walkabout (1971) y sobre todo la brillante Amenaza en la sombra (Don’t Look Now, 1973). Roeg piensa primero que en nada menos que Michael Crichton para interpretar el papel (sí, el escritor de Parque Jurásico y director de Coma, entre otras) debido a su extraño físico, antes de decidirse por la opción más obvia: David Bowie.

El músico nacido en Brixton había abandonado hacía poco a sus más famosas creaciones, el extraterrestre que cantaba en un mundo al borde del Apocalipsis Ziggy Stardust y su versión hermana aunque americanizada, el misterioso Aladdin Sane con fecha de nacimiento, muerte y resurrección, y estaba en pleno proceso de desviar su música del glam-rock hacia el soul, en parte buscando el éxito en America, con su disco Young Americans (1975). La relación entre Bowie y la ciencia ficción es patente desde su primer éxito Space Oddity (1969), la cual en más de una ocasión ha declarado que compuso tras el abandono de su relación con una novia y justo después de haber visto 2001: Una odisea del espacio. Ziggy Stardust (1972), el andrógino extraterrestre que daría éxito y fama a Bowie, estaba plagada de referencias a libros y películas del tema, y en 1974 intentó llevar a cabo un musical basándose en 1984 de Orwell, aunque al no lograrlo debido a la imposibilidad de conseguir los derechos se “conformará” con crear otro universo apocalíptico en el disco Diamond Dogs. Su extraño físico, y su teatral modo de entender el espectáculo –no es de extrañar viniendo de alguien que recibió clases de Lindsay Kemp- le habían convertido en el objeto de deseo de varios directores, aunque aún no se había lanzado a la piscina cinematográfica, rechazando papeles con más de un parecido con Newton, como el Valentine Michael Smith, otro ser marciano que al llegar a la Tierra optaba por fundar su propia religión en Forastero en tierra extraña (Stranger on a Strange Land, editado en 1961), la polémica y realmente rompedora novela de Robert A. Heinlein que finalmente no fue llevada al cine y cuyo rol principal Bowie rechazó por considerarlo “demasiado hippie”.

No puede decirse que la película sea fallida, puesto que resulta interesante, y aprovecha de un modo bastante inteligente el material de la novela –con muchísimo más empaque ésta, de todos modos- para crear una historia parecida, pero cambiando el enfoque en algunos aspectos. Aquí sí tenemos un romance entre Newton y Mary-Lou, de hecho el personaje de Newton no solo caerá en el alcohol por su culpa, si no que en la parte final del film también se nos muestra como un ser que ha caído en la lujuria. Un Newton más humano, de todos modos, y aunque no es una mala idea hacer que la historia tire en pantalla grande por estos derroteros, el cómo está contando resulta un lastre. Entendámonos, el cine de Roeg no es que envejezca precisamente bien, un poco de concesiones artísticas setenteras como hacía en la inmediatamente previa Amenaza en la sombra quedaban muy bien, y pueden verse ahora como un mero apunte cronológico, pero en ésta Roeg se desmadra un poco en el uso de zooms, en el montaje estrambótico, en el uso de una banda sonora que va en contra de la película pero que tiene un descarado aire a la época de la que viene… Y aquí radica el mayor problema del film, lo que hace 20 años resultaba el colmo de lo moderno ahora se antoja como una antigualla, y asumiendo en que época se realizó y lo que representaba el director en ese momento se puede entender, e incluso pasar por alto, pero la base de la novela daba para hacer un filme duradero con el paso de los años, y eso no ocurre…

Es el excesivo gusto por un estilo y una estética que tenía fecha de defunción lo que más daña al visionado del filme, que no carece en todo caso de momentos de interés, aunque realizada de un modo más formal… se hubiera podido profundizar mucho más en la relación entre Newton y Nathan Bryce, o con Mary-Lou (más allá de lo meramente carnal, o el deseo que ella siente por él, que en el libro era una verdadera necesidad vital para ella, el estar con un ser así, que no emita juicios de valor, que parezca que la escuche aunque realmente no lo haga, aunque para ello debiera dejar de lado el sexo-, que tenían largas charlas y donde unos aprendían de los otros –no cosas necesariamente buenas-, y que aquí se intenta mostrar de un modo visual –el plano final, con Bryce y Mary Lou viviendo juntos, con el primero colocándose las gafas de un modo exactamente igual al que hacía el extraterrestre y la segunda quitándose sus pestañas postizas-. En cualquier modo algunos momentos sí resultan logrados, incluso brillantes, como Newton intentando asimilar toda la información en varias pantallas de televisión a la vez, lo que le convierten en una especie de Howard Hughes, un millonario excéntrico, aunque en este caso no obsesionado con el control, sino por la necesidad de comprender, o el momento en el que le revela su verdadera forma a su amante, y la posterior reacción de esta, intentando mantener relaciones sexuales, pero repugnándole el modo “verdadero” de practicar el coito en el planeta de Newton. He aquí el único apunte que relaciona el paralelismo entre homosexualidad y “ser de otro planeta” que en el libro estaba reflejado en la mirada que tenía Nathan Bryce de Newton, y que daba pie a una lectura muy interesante sobre el tema, aunque en la película quede en mero artificio –En el filme Newton se acuesta con Mary-Lou tanto antes como después de ese momento-.

Podríamos estar hablando de un clásico, y en el material original había madera para ello… sin embargo nos tenemos que conformar con colocarle el apelativo película de culto (me gustaría a veces saber hoy en día que película no es de culto), muy representativa de una época y de una manera de entender el cine, que no termina de funcionar como drama aunque su parte experimental resultará probablemente a los interesados en el tema, con algunos momentos brillantes.

Javier J. Valencia

Esta entrada fue publicada en Cine Ciencia Ficción, Cine Drama y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.