El bosque (El bosc, Óscar Aibar, 2012)

No es tarea fácil adaptar una novela al cine, y todavía lo es menos adaptar un relato corto (8 páginas) al formato largometraje. Pese a las destacables pero aisladas El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, ambas de Guillermo del Toro, tampoco es usual mezclar la Guerra Civil con el género fantástico, por la visión más o menos estandarizada y repetitiva que tenemos de la misma. Pues bien, Óscar Aibar y su equipo consiguen todo esto con creces a partir de un excelente relato de Albert Sánchez Piñol. Y además, con muy buenos resultados.

Hace años que se habla de adaptar la obra del escritor catalán Sánchez Piñol a la gran pantalla y parece que poco a poco la cosa se va haciendo realidad. Actualmente el director francés Xavier Gens (Frontière(s), The Divide) está preparando una translación al cine de la lovecraftiana La pell freda (La piel fría), excelente y fresca primera novela de Piñol que desde aquí aprovechamos también para recomendar. Pero volvamos a la película que nos ocupa y que posee el mérito y el acierto de ser la primera adaptación cinematográfica del autor y que además cuenta con su participación directa como guionista.

El Bosc nos cuenta la curiosa historia que viven Dora (Maria Molins), Ramón (Àlex Brendemühl) y su hija pequeña Rosa durante la Guerra Civil en un pequeño pueblo del Mataranya. La susodicha familia es prácticamente la única del bando nacional en un pueblo de mayoría aplastante republicana. Al ser los únicos propietarios de tierras de la zona y ante el estallido de la Guerra Civil, se verán hostigados por las fuerzas republicanas de su propio pueblo, capitaneadas por el anarquista Lo Coixo (Pere ponce). En este escenario, en el cual juegan más las rencillas personales que los grandes ideales políticos, Ramón se verá obligado a huir, pero no hacia el bando nacional sino hacia lo desconocido. Se internará en unas misteriosas luces que aparecen en el bosque dos noches al año (por Sant Blai y por Sant Llorenç) y hasta aquí puedo decir sin destripar nada relevante al personal.

Una de las primeras cosas que sorprenden en este planteamiento es la adscripción al bando nacional de los protagonistas, algo a lo que no estamos acostumbrados en la ficción de los últimos decenios. También cabe señalar que la cinta se encarga de justificar o suavizar este tema en diferentes ocasiones, pero siempre sin dogmatismos y anteponiendo el sujeto a la política. Objetivamente, la familia protagonista sí que se puede considerar la única familia propietaria en un pueblo de humildes asalariados, pero sus posesiones se limitan a un pobre trozo de terreno y una modesta masía. Digamos que son el blanco perfecto de los revolucionarios porque aun siendo pobres no lo son tanto como el resto; y para más inri van a misa. Como se encarga de comentar en una escena el viejo anarquista y maestro del pueblo, Lo Fusteret (Josep Maria Domenech), “en este pueblo, para no tener, no tenemos ni caciques”. La película, además, nos presenta a Ramón como un personaje valiente y honrado pero seco, individualista y poco reflexivo que se ha ganado a pulso la antipatia de sus vecinos. Sin embargo, a medida que avancen los hechos, se nos demostrará que su corazón tiene más sentimientos de los que él mismo cree.

También en el bando republicano encontraremos miserias varias, y por parte de algunos, más ganas de solventar pasiones personales que de alcanzar la utopía. El grupo de anarquistas liderado por Lo Coixo, enamorado desde la infancia de Dora, parecen más una banda de atracadores de tebeo que un grupo organizado. Por otro lado, Tom Sizemore, al que estamos acostumbrados a ver sobretodo en televisión, crea un personaje solido y noble, interpretando al general Pickett de la Brigada Internacional Lincoln, llegada de los Estados Unidos en solidaridad con el bando republicano. A parte de ejercer de barrera protectora entre Dora y los anarquistas de la localidad, la presencia de los comunistas de la Brigada Lincoln en la zona creará algunas interesantes situaciones de tensión con los mismos protagonistas.

Pero como ya he apuntado antes, esta no es una historia de buenos y malos sino de personas. La evolución y crecimiento personal de los personajes principales, sobretodo de Ramón y Dora, y de los de apoyo (Lo Fusteret y Pickett) está muy trabajada y tiene su recompensa en pantalla gracias al estupendo trabajo de los actores. Si a eso le añadimos el hecho de estar rodada casi íntegramente en el catalán que se habla en el Matarranya, rico en palabras y giros dialectales propios, el mencionado trabajo actoral todavía adquiere más mérito y categoría.

El Bosc es una película modesta pero muy digna, con un más que evidente trabajo de guión y con un especial cuidado en la dirección de actores. La fotografía y la puesta en escena saca mucho partido del árido paisaje de interior que retrata y va muy acorde a lo que se está narrando. Los contados efectos especiales son más que dignos, destacando la escena final y la escena de los “tubérculos misteriosos” (los que la hayan visto ya me entenderán). Como si de un capitulo de la mítica serie La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) se tratase, el elemento fantástico es una excusa o vehículo para hablarnos de la vida y las personas, pero sin perder el sentido de la maravilla en ningún momento. Los personajes consiguen ser entrañables –algo que está buscado y bien logrado por el director–, y en definitiva, la propuesta consigue capturar el alma del relato de Albert Sánchez Piñol y salir mucho más que airosa de la responsabilidad de ser la primera adaptación al cine de este excelente escritor catalán.

Dani Morell

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