Dredd (Pete Travis, 2012)

Es inevitable recordar el film de 1995 Judge Dredd (Danny Cannon) en el que Sylvester Stallone encarnaba a este personaje de cómic creado en 1977 por el guionista John Wagner y el dibujante Carlos Ezquerra. En aquella ocasión la versión cinematográfica del tebeo defraudó mayoritariamente a todo el mundo, en especial obviamente a los fans del personaje. Aquella cinta no era más que una explotation de Stallone como héroe de acción, cuyo personaje de Dredd no se diferenciaba mucho del John Spartan de Demolition Man (Marco Brambilla, 1993). Durante años había sonado la intención de hacer una nueva versión del héroe de cómic, y por fin nos encontramos ahora ante ésta dirigida por Pete Travis (En el punto de mira, 2008), mucho más fiel al cómic original y con un espíritu de film de serie B que aprovecha excelentemente hasta el último límite su escaso presupuesto (45 millones de dólares). El guionista de la cinta, Alex Garland (28 semanas después, 2002; Sunshine, 2007), entremezcla notablemente la perfidia y desesperación de la Megacity del cómic con la acción y violencia del John Carpenter más apocalíptico de 1997: Rescate en Nueva York.

Recordemos la historia: en un futuro distópico devastado por la violencia se encuentra la ciudad Mega City One, que se extiende desde Boston hasta Washington DC. En ella el caos y la delincuencia reinan en las calles y sobretodo en los megabloques: grandes bloques de viviendas de más de 200 pisos de altura donde los criminales establecen sus imperios. En este mundo solamente existe un cuerpo policial destinado a mantener el orden: los jueces. En ellos se reúne toda la ley; son policías, jueces, jurado y verdugos. De entre ellos el Juez Dredd es uno de los más feroces e implacables.

En esta nueva versión, Dredd está protagonizado por un Karl Urban al que le va como anillo al dedo la personalidad fría e inexpresiva del personaje. Tras un prólogo brillante en el que se nos presenta Megacity One y ese futuro caótico, la trama se centra en la agente Anderson (una muy correcta Olivia Thirlby), una novata que, contando con una mutación genética que le dota de poderes psíquicos, debe afrontar un día de prueba como juez junto a Dredd. La pareja protagonista acabará acorralada en uno de los Megabloques de la ciudad controlado por una de las señoras del crímen de Megacity: Ma-Ma (Lena Headey en un papel brutalmente soberbio, lo mejor de la película). Ella no les dejará salir de su bloque y les perseguirá con todo su ejército de criminales. Aquí el film se convierte en un survival de acción muy a lo Jungla de cristal en el que los protagonistas deberán ir sobreviviendo piso a piso y pasillo a pasillo hasta enfrentarse con su enemigo final. Esto podría resultar un tanto extraño o decepcionante, pues dejamos de disfrutar del goce visual que ha sido moverse por Megacity para vernos encerrados en un edificio donde se reúne toda la acción. Sin embargo no es ninguna decepción, pues el guión, bien articulado para ser un engranaje de acción-entretenimiento, lo justifica suficientemente bien. Obviamente centrar la trama totalmente dentro del megabloque es claramente una opción tomada por cuestiones del presupuesto, lo que permite a Pete Travis dirigir un film repleto de grandes secuencias de acción y altas dosis de violencia y sangre, y al mismo tiempo mantener una estética muy cuidada que navega entre el punk de los cómics y la sucia vastedad de Carpenter. Es decir, todo y que nos gustaría poder ver más de Megacity, valoramos mucho más el acierto de concentrar el presupuesto del film dentro de un Megabloque para que así su violencia, corrupción y desesperación sean retratadas con una notable calidad; después de todo, el microcosmos que es ese vasto bloque no es más que el reflejo del macrocosmos que es la gran ciudad futurista.

Con todo ello Dredd se convierte en una película que en 95 minutos entretiene, divierte y remueve un poco la adrenalina. Quizás una de las pegas que podríamos ponerle es que el film se aprovecha del elemento de la trama de una droga llamada “slo-mo” (que ralentiza el cerebro) para introducir innumerables secuencias en cámara lenta slow-motion que, aunque sí resultan impactantes y bien insertadas dentro de la estética de la cinta, pueden acabar siendo un tanto excesivas. No obstante, nos encontramos ante una muy buena adaptación de Juez Dredd que ofrece espectáculo y satisfacción a los fans del personaje, al cual esta vez sí que no le vemos nunca sin llevar puesto el famoso casco, lo que es perfecto: un agente de la ley impersonal, frío, funcional, feroz y casi inhumano. Queremos secuela.

Xavier Torrents Valdeiglesias

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