Aniquilación (Annihilation, Alex Garland, 2018)

[Para evitar debates que superan estas líneas nos referiremos a los largometrajes de NETFLIX como “cine”, dejando bien claro que hay gente que no comparte esta apreciación y que posee argumentos sólidos para ello]

Si algo hay que reconocerle a NETFLIX es su compromiso con el cine de género (ya sea de producción propia o, como el caso que nos ocupa, estrenando un material ajeno). Desde Okja (2017) la compañía parece empeñada con encontrar una película de ciencia ficción de calidad, que dote de visibilidad a su catálogo y le traiga suscriptores; porque de eso vive, de la capacidad de atraer más público… en una especie de locura piramidal donde cuanto más series y largometrajes tiene, más clientes necesita. En un sistema así, no importa tanto la audiencia de un estreno suyo, como el hecho de que cree impacto, se hable de él, y haga creer a sus usuarios que deben seguir pagando cuotas por si llega otra maravilla como esa y, a la vez, convenza a otros de afiliarse a la plataforma porque da cosas chulas de las que la gente habla bien. Lo interesante es que  uno de los caminos elegidos para eso sea el cine de género.

También hay que reconocer que de momento la cosa no les ha salido demasiado bien. A pesar, eso sí, de que los directivos de la compañía tenían clara la fórmula: referencia a los clásicos, sumada a firmas de prestigio. Pero ni Max Landis con Bright (¿hace falta una segunda parte?), ni Duncan Jones con Mute (¿a vosotros también os pareció una buena idea?), ni las varias adaptaciones de Stephen King (¿y si llamaran a Frank Darabont y se dejaran de tonterías?) lo han petado… y de eso van los estrenos de NETFLIX: si no lo petan, no sirven de nada. Es más, están creando un sambenito que la plataforma va a tardar tiempo en quitarse: NETFLIX hace muy malas películas de género.

[No meteremos en el saco a The Cloverfield Paradox por los singulares caminos por los que llegó al catálogo y que la convierten más en un inteligente movimiento empresarial, que en una película con algún propósito más allá]

¿Y si por fin han acertado? ¿Y si Aniquilación (2018) es la película que llevaban tanto tiempo buscando?

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Alex Garland adapta libremente el best-seller de Jeff VanderMeer en un hermoso cruce de ciencia ficción y terror que deja a sus antecesoras (que ya hemos mencionado) como tristes aproximaciones al género desde la serie B.

Garland, guionista de 28 días después, Sunshine o Dredd, y director de esa pequeña joya que es Ex Machina era una apuesta segura: joven y conocedor de los mecanismos más sutiles del género. Sin embargo, no sería la primera vez que NETFLIX la pifiara con los mismos ingredientes (no vamos a decir nombres, pero se pueden leer los ejemplos que hemos dado anteriormente, jugar al pito pito gorgorito y, en un 80% acertaríamos). Pero esta vez no.

Aniquilación, la historia de un viaje suicida al centro de una anomalía, trasciende el material literario del que procede, sus referentes visuales y temáticos (el primero que me viene a la cabeza es ese clásico moderno que es Contact) y el hándicap de estar destinada (aunque seguramente no ideada) a una pantalla mucho más pequeña que la de un cine. Y no es poca cosa.

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¿Es una obra maestra? ¿Acaso importa? ¿La crítica a cualquier obra debe hacerse reflejándola en el ejemplo más excelso de su arte?

No vamos a caer en eso, aunque sí nos vamos a permitir decir que Aniquilación no es Under the skin. Y no lo vamos a hacer situando una por encima de la otra, sino porque buena parte de la crítica ha intentado ver en la cinta de la que hablamos una continuación del espíritu de la obra de Jonathan Glazer. Y no, que haya extraterrestres y que las dos sean películas que obligan al espectador a rellenar más huecos de lo que es habitual, no es suficiente. Porque estamos hablando de cine [ver acotación inicial] y cuando se habla de cine se habla de argumento, dirección, aspectos visuales, autoría, intención, gramática y montaje como un TODO, no como partes independientes. Y ahí no cabe comparación.

Mientras Aniquilación es la obra de un guionista, Under the skin es el trabajo de un cineasta puro. La imagen funciona en una longitud de onda que afecta principalmente a los sentimientos, la palabra es un medio de trasmisión de ideas. Del equilibrio entre imagen y palabra surge el mejor cine, por eso la voz en off es peligrosa, por eso el cine mudo es otra cosa, otro universo que había creado unas reglas propias que se derrumbaron con la llegada del sonoro, por eso el cine se tuvo que reinventar.

En apariencia Aniquilación y Under the skin se parecen. En el fondo, son dos cosas totalmente diferentes.

Hay conexiones visuales (es más, muchos han acusado a Garland de saquear la cinta protagonizada por Scarlett Johansonn, o incluso Un viaje alucinante al fondo de la mente, de Ken Russell), pero su alma es diferente. Que Garland sea guionista no significa que desconozca el poder sentimental de las imágenes (el trabajar tantos años con Danny Boyle debería habérselo dejado claro), sino que sabe que cuando todo falla, el guionista es el que puede encontrar la solución más fácil: que un personaje explique una cosa.

Ojo, que no se está diciendo que Aniquilación sea prosaica o literaria, sino que se nota mucho que el director está intentando que no sea prosaica ni literaria, pero tampoco poética.

Under the skin se sumergía (literalmente) en la belleza de sus imágenes, Aniquilación no termina de atreverse a abandonarse a la poesía que se intuye en su metraje.

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El viaje de Lena, una expedición a una misteriosa región acordonada por el gobierno norteamericano, junto a otras mujeres científicas, está contado en tres tiempos narrativos (el pasado, que poco a poco va descubriendo las motivaciones de los personajes; el presente, el viaje en sí, que desvela el misterio de la película; y el futuro, la entrevista a la superviviente, que sirve para explicarlo todo y que contiene el giro). Hay que afirmar que, con esta estructura, Aniquilación  es la obra de un guionista. Un buen guionista, claro. El desmelene iconográfico del largo clímax final no logra quitarnos la sensación de que sobran palabras en algunos momentos, de que la peli peca de cobarde.

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Releyendo todo lo anterior podría parecer que consideramos Aniquilación como una mala película. Y nada más lejos de nuestra intención: Aniquilación es una gran película. Con todo lo que hemos dicho, es más valiente que la mayoría de las demás propuestas parecidas de NETFLIX (y no digamos de los estrenos cinematográficos en salas), es una obra que necesita reflexión (cosa cada vez menos habitual), que debe ser interpretada y que confía en sus espectadores.

Momentos como el juego de equivalencias con los reflejos de un vaso de agua o esas plantas con forma humana quedan grabados en nuestras retinas, sobreviven a las palabras que los rodean e impactan en nuestra mente de una manera que sólo el cine puede hacer.

La gente habla de ella. Y habla bien. En NETFLIX deben estar contentos, porque por fin han acertado (que, como ya se ha dicho, estén preparando una segunda parte de Bright, nos hace pensar que quizás ha sido de chiripa).

Daniel Lasmarías

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