El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the Planet of the Apes, Matt Reeves, 2014)

El origen del planeta de los simios nos dejó a unos cuantos con la boca abierta hace tres años. Era el blockbuster por el cual se tenía menos fe de todos los que se estrenaron aquel 2011, no hubo un gran fulgor detrás por lo que se veía a través de las redes sociales como otros hypes con esteroides que suelen asolar en verano, y además la versión que a principios de la década pasada había realizado Tim Burton (que como nos dijo el Sr. VCR en el podcast dedicado a los otros planetas de los simios que nunca veremos, no era tampoco tan mala vista con el tiempo, pero si logró causar una sensación de decepción generalizada) había desanimado a los más fieles respecto a cualquier revisión del mundo de la saga original. Y sin embargo, resultó ser la tapada que cautivó a millones de espectadores a lo largo y ancho del globo, apareciendo a final de años en montones de listas de “lo mejor de 2011” hasta en medios que por costumbre no incluirían un blockbuster ni aunque les fuera la vida en ello. El truco era el más viejo del mundo, la fórmula infalible que por difícil que pueda resultar todavía no han aprendido en Hollywood: un buen guión, muchos efectos especiales, sí (y soberbios), pero al servicio de la historia, desarrollo cuidado y coherente de personajes, suficiente dosis de drama –una escena o dos para aguantarse la lagrimita pero no más- e incluso algo de concienciación social –en este caso contra el maltrato animal-, que participaba en el conjunto de forma ejemplar.

Por suerte, esa misma fórmula está marcada a fuego en esta secuela, por lo que la película previa de Rupert Wyatt puede apuntarse otro tanto más: haber marcado unas pautas que de momento, y muy inteligentemente, las mentes creadoras detrás de El amanecer del planeta de los simios han mantenido. Con cimientos tan sólidos, incluso el susto que significó la caída de Wyatt del proyecto, al verse incapaz de terminar la película en las fechas estipuladas, quedó solventado al anunciarse el nombre del siempre solvente Matt Reeves –Monstruoso, Let Me In-, capaz de tranquilizar a los fans que se temían la inclusión del McG o el Brett Ratner de turno en su recién descubierta franquicia preferida. –A título personal, la elección de Reeves me gustó, pero tuve que fastidiarme por otro lado ya que a causa de esto dejó de lado su proyecto de resucitar para la pantalla grande The Twilight Zone. En fin, tiempo al tiempo…-

Quince años después de los eventos de El origen del planeta de los simios, unos títulos de crédito tan perfectos en información contenida como fueron los finales de la previa nos informan del fatal destino de la raza humana, consumida en este tiempo por el virus ALZ-130, la gripe simia. Solo unos pocos sobreviven en un mundo que está a punto de volver a la Edad de Piedra. Una pequeña comunidad de supervivientes liderada por el traumatizado y belicoso Dreyfus (Gary Oldman) pretende poner en funcionamiento una central eléctrica abandonada en los bosques Muir, que era el lugar donde César (Andy Serkis) montaba su comunidad de primates al final del episodio anterior. La muerte accidental (bueno, más o menos) de uno de los primates a manos de un humano provocará la caída de la primera de las muchas fichas de dominó que traerán consigo una escalada de odio entre humano y simio, entre humano y humano, entre simio y simio. Y mientras el noble homo sapiens Malcolm (Jason Clarke), su mujer y su hijo intentan apaciguar las cosas y tranquilizar a César, Kobe (Toby Kebbell, sustituyendo a Christopher Gordon en esta entrega), al que conocimos en la película previa como el mono torturado  por los humanos a los cuales tiene un odio patológico, manipulará las cosas para vengarse de la raza que le deformó y hacerse con el poder y el liderazgo de su pueblo.

Es difícil de imaginar que a cualquier fan de la primera entrega le vaya a decepcionar este nuevo capitulo. Es cierto que cae en alguno de los vicios en los que las franquicias hollywoodiense caen habitualmente, como aumentar las escenas de acción y la adrenalina en pos de perder algo de intensidad dramática, pero lo que se pierde por un lado se gana por el otro, ya que como película de acción está estupendamente realizada y no se apaga el interés ni un solo instante. Si que se ha perdido la ejemplar caracterización de los personajes humanos, y es que ni Malcolm ni su esposa (interpretada por la televisiva Keri Russell) ni su hijo, sin estar mal en ningún momento, no tienen una gran escena o un especial instante de lucimiento, y no logran hacer olvidar a los memorables personajes a los que James Franco, Freida Pinto o John Lithgow dieron vida en El origen, y el personaje de Oldman, aunque le dedican alguna escena para comprender mejor su psicología resulta un tanto típico (pero un muy buen contraste de Kobe, de todos modos). Pero lo que se pierde por un lado se gana por el otro, por que esta vez son los simios a los que les corresponde ganar mucho más en desarrollo y caracterización, y no solo César, que puede convertirse en el personaje más querido del cine comercial hollywoodiense con solo seguir los guionistas elaborando su destino con la lógica con la que se le está tratando, si no también su hijo Blue Eyes, su amigo Maurice, el orangután con el que trataba amistad en el refugio de animales y ahora convertido en uno de los maestros de la comunidad, y por supuesto Kobe, que a pesar de, al igual que Dreyfus, sin ser muy original, si que le dedican el tiempo suficiente para comprender sus pasos y motivaciones. Y este traslado de categoría entre los personajes y razas tiene su razón de ser, por que si bien la primera entrega compartía el protagonismo entre hombre y simio, en esta segunda, gradualmente, contemplamos como el peso de la acción va cayendo en los primates y el hombre es el invitado, de excepción y con mucho peso, eso si, pero invitado al fin y al cabo, de la función. Y la estrella de la misma es César, indiscutiblemente.

Entretenidísima, plagada de buenos momentos, acción trepidante y un contenido no por menos completo que la anterior, menos válido, la franquicia de El planeta de los simios ha aguantado el primer envite de manera muy notable, dando muy buena sensaciones al respecto de por donde van a ir los tiros y logrando que esperemos la siguiente entrega con tantas ganas con las que esperamos esta segunda. Y por cierto, no olviden el paquete de kleenex, por que incluso no teniendo apenas tiempo dado a su acelerado ritmo para mostrar los momentos de ternura que tenía su antecesora, se regala con un bonito homenaje a la primera entrega con un cameo sorpresa que empañará con una lagrimita la vista a más de uno.

Javier J. Valencia

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