Warcraft: El origen (Warcraft, Duncan Jones, 2016)

warcraft01El pacífico reino de Azeroth está a punto de entrar en guerra para enfrentarse a unos terribles invasores: orcos guerreros que han dejado su destruido mundo para colonizar otro. Al abrirse un portal que conecta ambos mundos, un ejército se enfrenta a la destrucción, y el otro, a la extinción. Dos héroes, uno en cada bando, están a punto de chocar en un enfrentamiento que cambiará el destino de su familia, su pueblo y su hogar.

El fanservice parece haber triunfado ya definitivamente en un cierto tipo de película facturada desde Hollywood con intenciones de convertirse en franquicia y que adapta ya sea un cómic, una serie de novelas, un juego de rol o como el caso que nos ocupa, una rentable y duradera saga de videojuegos. Cada vez se nota con más frecuencia la influencia que pueda tener la obra original -teniendo en cuenta de que no hablamos de adaptaciones al uso- y la recepción que tiene ésta en los seguidores más fieles de la misma. Puede sonar un poco artificial (lo es, de hecho), pero por cuestiones de intereses o incluso generacionales puede hacer mucha gracia a ese determinado público que es bastante más influyente de lo que parece en las redes sociales (miren que pesaditos están aquellos que tienen sacralizada a Los cazafantasmas y patean y rebuznan con el trailer de la nueva película de Paul Feig y que creen que se trata de una serie impoluta cuando ya tuvo una secuela bastante mala) y es que una base sólida siempre será mucho mejor que adaptar una obra con un par de brochazos básicos que recuerden su procedencia (que bien le habría sentado a Los cuatro fantásticos de Josh Trank mirar al cómic de Marvel ya no solo para incluir cuatro guiños que hubieran sido recibidos con agrado, sino para disponer de un mínimo guión) y que ayudan sin duda a causar un efecto boca a boca que empezando por los fieles puede abarcar mucho más. Y no voy a negar que funciona: el caso más reciente, hablando a título personal, es el de X-Men: Apocalipsis, cinta con la que me puedo recrear en la presentación de personajes a los que he leído desde la infancia, homenajes a una saga cinematográfica que ha tenido sus más y sus menos pero que cuando ha funcionado, lo ha hecho magníficamente, y lograr hacerme disfrutar en esa medida aunque no sea dado a ondear banderas y tampoco me vuelva ciego de golpe, captando también aspectos en los que la película cojea supinamente y que me hacen pensármelo dos veces a la hora de recomendarla (o más bien a quién recomendarla).

warcraft02Claro que cuando este fanservice predomina en una obra en la cual uno no conoce de nada su referente, pueden darse problemas. Y eso es exactamente lo que me ha ocurrido a mi con Warcraft: el origen, con la que he sentido la sensación en más de una ocasión de que se dirigía a un club privado de espectadores que conocían personajes, razas o status. Y eso que la narración no es en absoluto compleja; es más, está excesivamente simplificada, causando relaciones que dan la sensación de ser absolutamente artificiales: por ejemplo, los tres personajes principales compartirán una charla junto al fuego que les proporcionará un vinculo necesario para el entramado dramático del film pero que resulta bastante poco creíble para generar esa futura unión, basándose en precedentes previos de títulos anteriores pero que tenían escenas como esa mucho mejor resuelta. No hace falta conocer Warcraft de nada para apostar por la muerte de alguno de los personajes secundarios que aparecen de inicio y que llevan la palabra cadáver escrita en la frente, o para suponer cuales de ellos van a ser traicioneros o esconden segundas intenciones. Al menos en el sector “humano”, la parte dedicada a los orcos tiene un poco más de interés y algún que otro giro más interesante. Pero la historia es plana, el metraje suena constantemente a ya visto, y todos esos guiños al juego  la verdad es que no sirven de nada al que no lo capta.

Tampoco es que ayude mucho una puesta en escena ambiciosa en cuanto a efectos especiales (demasiado recargada para mi gusto, sí que recuerda visualmente a un videojuego, pero no me parece precisamente un mérito) pero poco en narrativa. El trabajo es eficiente, sí, lo justo para que si la película funciona bien en taquilla Duncan Jones tenga asegurado su nombre en la lista de potenciales realizadores para futuros blockbusters de las majors, pero lejos de la brillantez de Moon o del nervio de Código fuente, películas en cualquier caso infinitamente mejor escritas.

warcraft03Respecto al reparto, da la sensación de que la inversión en efectos especiales dejó apenas liquidez para contratar a estrellas de renombre y en su lugar el protagonismo lo llevan actores reclutados de series de TV, como Travis Finnel, de la serie Vikingos, dando vida al mejor soldado del Rey Wrynn (Dominic Cooper, al cual todavía no me he atrevido a ver en la piel de Jesse Custer; el intérprete no es santo de mi devoción precisamente), o estrellas que no han terminado de explotar, como Paula Patton, que da vida a la mestiza medio-humana medio-orco Garona. Ninguno de ellos brilla mucho, siendo el actor más metido en faena de la función Ben Foster en el papel del  Guardián Medivh. Extraño tratándose de un actor de carrera irregular con altos y bajos y que parece andar los últimos tiempos especializándose en papeles extravagantes, pero que da vida al mago con soltura.

Poco más que añadir. Una colección de aventuras de fantasía en un mundo de criaturas fantásticas bastante manidas, con relaciones entre personajes bastante previsibles y con puertas abiertas a continuar en una saga que no discuto que hará las delicias de sus seguidores, pero que a los que no lo somos nos deja bastante fríos.

Javier J. Valencia

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