Batman: Subzero (Boyd Kirkland, 1998)

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En el mundo de las adaptaciones cinematográficas de personajes de cómic, existe la costumbre de que una vez se produce un gran estreno en pantalla grande, a la vez aparece un producto de animación, que normalmente está destinado al mercado del DVD –anteriormente el videográfico-, amén de que probablemente la franquicia del personaje se relance mediante alguna serie de animación aprovechando el filón si la cosa funciona. Que los motivos del nacimiento de estos productos sean netamente comerciales no tiene por qué resultar ofensivo: Es posible que el resultado en cuestión evidencie en demasía su condición de únicamente querer sacar unos pavos extra a recién llegados o coleccionistas obsesionados por el completismo, pero también puede dar lugar a que guionistas esforzados con buenas ideas logren desarrollar paralelamente una buena historia. Batman es un personaje muy representativo de la referida política comercial, y también sirve de ejemplo acerca de esas excepciones positivas.

La serie de animación de Batman, desarrollada por Paul Dini y Bruce Timm como sus cabezas pensantes más populares, nació aprovechando el tirón del personaje a principios de los 90 gracias a las dos primeras películas de Tim Burton y un momento de enorme popularidad de su comic book. Pero la serie comenzó a desarrollar ya no solo una continuidad propia donde poco a poco irían cabiendo multitud de otros personajes de la DC Comics, si no un estilo visual propio, que se acabó convirtiendo en una especie de universo paralelo de las series del cómic. Así, para cuando en 1998 Warner quiso producir otro film de animación basado en los personajes aprovechando el estreno de Batman & Robin, el equipo de la serie, que entonces se encontraba por su tercera temporada, lo incluyeron dentro de su universo, como si uno de los “annuals” (números autoconclusivos más largos, y en sus tiempos más espectaculares) de los cómics se tratara, como ya habían hecho anteriormente con la magnífica “La máscara del fantasma” (Batman: Mask of the Phantasm, 1993).

Si en la segunda película de Joel Schumacher sobre el hombre murciélago el bloque de personajes se sostenía en Batman, Robin, Batgirl y Mr. Freeze, en esta se mantendría ese mismo núcleo, sospecho que por obligaciones económicas que obligaban a que el producto tuviera la máxima relación posible con el estreno en pantalla grande. Se termina logrando con este parecido una comparación odiosa. Por qué “Batman: Subzero” no es la mejor versión de Batman en animación –episodios de la serie regular con el mismo Freeze sin ir más lejos resultaban superiores a la película- e incluso está lejos de los logros de la previa “La máscara del fantasma”… Pero con el guión de la misma, interpretada por George Clooney, Chris O’Donnell, Alicia Silverstone y Arnold Schwarzenegger, se hubiera logrado un espectáculo de acción y aventuras muy divertido y disfrutable para todos los públicos, lo cual no es el film de Joel Schumacher, que puede ser considerado tranquilamente como una de las peores películas de la historia del cine. (Incluso haciendo el esfuerzo a la inversa, imaginando “Batman & Robin” como película de animación, hubiera seguido siendo una historia demasiado borrega para hacérsela tragar siquiera a niños de seis años).

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Victor Freeze vive pacíficamente en la Antártica esperando el momento en el que pueda devolver a la vida a su esposa, en estado de animación suspendida desde que se viera aquejada por una mortal enfermedad. Pero la destrucción de su base por la injerencia del ser humano le llevará a replantear sus planes y regresar a Gotham como el villano Mr. Freeze, acelerando sus planes y buscando un donante para efectuar una transfusión a su esposa… aunque esta sea mortal. Y la donante, por esas casualidades que ocurren en los universos de ficción, no es otra que Barbara Gordon, la hija del Comisario, que lleva desde hace poco tiempo adoptando la identidad de Batgirl echando un cable al dúo dinámico para detener a los criminales que asolan esa ciudad maldita.

Como ya he dejado caer antes, la película no alcanza los niveles de “La máscara del fantasma”. Aquella, con todas sus dosis de acción y el toque soft que tiene una film con el target más joven en su punto de mira, dedicaba mucho tiempo a centrarse en la figura del hombre murciélago, sus motivaciones y lo que le había llevado a disfrazarse cada noche. “Subzero” no ofrece demasiado de ello, quizá un poco por una parte en Freeze, pero se tiene la sensación de que se dan “por entendidas” sus motivaciones, siendo muy consciente que la película proviene de una serie donde la historia del personaje se ha contado varias veces, así que el punto de partida de cada personaje se cuenta muy brevemente, para pasar rápidamente a la acción. Aquí radica el triunfo del film, una trepidante cuenta atrás en la cual Barbara Gordon intenta, una y otra vez, escapar de Freeze y de su socio, el Dr. Belson (bastante más temible que el villano, por cierto. No hay nada peor que un hombre normal aquejado por las deudas), ingeniándoselas de una y mil maneras, mientras Batman y Robin intentan dar con ella. Todo ello con la factura técnica de enorme calidad que suele envolver a cualquier cosa en la que estén envueltos Bruce Timm , Paul Dini, o el mismo director de la presente, el estupendo animador Boyd Kirkland, que falleció en 2012 mientras esperaba una transplante de pulmón.

En síntesis, he aquí la excepción mentada al principio del artículo: una película-producto-franquicia, pero que resulta superior al film de imagen real a la que acompaña y explota. Y además tiene una enorme conciencia de su procedencia, distanciándose del todo de “Batman & Robin”. Eran los 90, una década muy extraña en la vida del hombre murciélago, donde su vida en el mundo de la animación superaba con mucha frecuencia no solo a sus versiones de imagen real, si no al propio cómic que adaptaba.

Javier J. Valencia (Publicado originalmente en Revista Fantastique en noviembre del 2008)

 

 

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