Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (The Adventures of Tintin, Steven Spielberg / Peter Jackson, 2011)

Sin ser un amplio conocedor del universo de Tintín y su mitología, al acercarse a visionar el nuevo título de la factoría Spielberg uno lo hace únicamente con dos peticiones/exigencias: que sea un buen filme de aventuras y que tenga el sello de calidad técnico que suele acompañar a todas las producciones del director de Cincinnati. Tanto en lo primero como en lo segundo se puede decir que las expectativas han sido ampliamente superadas.

Que la película tenga un buen ritmo narrativo, unos ingeniosos diálogos y una buena definición de personajes (ideal para lo que, cómo yo, necesitábamos que nos explicaran un poco quién es quién, y que no suele darse últimamente con mucha frecuencia en algunas adaptaciones del cómic, demasiado convencidas de que se dirigen a un público con conocimientos previos) es en gran parte debido a un excelente triunvirato de guionistas británicos: Edgar Wright (tremendo director de joyas como Scott Pilgrim contra el mundo o Shaun of the Dead), Joe Corrnish (también director y guionista de la estupenda Attack the Block, reciente sensación en el Festival de Sitges) y un Steven Moffatt que parece estar en un perpetuo estado de gracia (como demuestran sus televisivas Doctor Who, Jekyll o Sherlock).

El aspecto visual de la película solo puede definirse como soberbio, si bien una vez más no puedo catalogar los efectos tridimensionales como “imprescindibles” (me hubiera gustado después de una veintena de títulos vistos en este formato poder por fin anunciarlo, pero no es así); no resultan molestos y complementan muy bien la imagen general de la producción. La película parece dividida en pequeños segmentos, en los cuales Tintín va involucrándose más y más en un misterio que aparece en su vida de forma casual (un mensaje oculto en un navío dentro de una botella que adquiere en un mercadillo) y va aumentando sus dimensiones a raíz de que empiece a ser perseguido por un malvado cazatesoros (interpretado por Daniel Craig) y su banda, conozca al capitán Haddock (Andy Serkis, cómo no, dando vida de nuevo a un personaje animado) y empiece un viaje que le llevará hasta Marruecos. Paralelamente se desarrolla una pequeña y simpática sub-trama protagonizada por Hernández y Fernández (Simon Pegg y Nick Frost, siempre bienvenidos a cualquier fiesta) que resultará ser clave para la conclusión final de la intriga.

Merece la pena resaltar la persecución por las calles de Marruecos por parte de Tintín y Haddock de un halcón que sobrevuela la ciudad con las claves del tesoro, mientras son a la vez perseguidos por el malvado Sakharine y sus secuaces, minutos de un disfrute total para los cinco sentidos donde el poder visual de Spielberg, el ritmo secuencial, el estilo visual y la maravillosa sinfonía de John Williams confluyen armoniosamente, y que de alguna manera ya había sido predicha en los primeros compases del film en el momento en que Hernández y Fernández intentan dar caza a un carterista que asola París, casi una “prueba piloto” de la asombrosa persecución posterior.

En definitiva, un título enormemente disfrutable para un público de todas las edades, una estupenda combinación de esfuerzos por parte de Steven Spielberg y Peter Jackson que difícilmente defraudará a los lectores del cómic.

Javier J. Valencia

 (Artículo escrito para cinefantastico.com en Octubre de 2011)

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