Megalodón (The Meg, Jon Turtletaub, 2018)

Cuando alguien va a ver una película de Jason Statham no puede salir decepcionado del cine. Ya sabe lo que va a encontrarse: un film de puro entretenimiento que no busca si no otra cosa que hacer que el espectador desconecte su cerebro del mundo real durante un par de horas. El cine como elemento lúdico sin aires, ni intenciones, de querer transmitir un mensaje o hacer viajar a los espectadores a un lugar idílico. A pocas cosas le quedaban por enfrentarse a Statham. Después de que su compañero de oficio, Dwayne Johnson, se enzarzase a palos con un lobo, un gorila y un cocodrilo gigante en ‘Proyecto Rampage’ (Brad Peyton, 2018), Statham también se ha puesto al servicio de una monstermovie para, en su caso, derrotar a un tiburón prehistórico: el megalodón.

Lo cierto es que ‘The Meg’ es una película que funciona bien dentro de su esfera de blockbuster veraniego. El problema llega cuando se le pide algo más. Jon Turteltaub, director bastante estándar del mainstream norteamericano que ha estado al frente de títulos como ‘El aprendiz de brujo’ (2010) o las dos entregas de ‘La búsqueda’ (2004-2007), ha sido el encargado de ponerse detrás de las cámaras para dar vida a este enfrentamiento entre Statham y el tiburón gigante. Y a pesar de que Turteltaub goce de una sobrada experiencia en la dirección de largometrajes con objetivo palomitero, ‘The Meg’ le queda demasiado grande. En un principio, el proyecto iba a estar a cargo de Eli Roth (‘Hostel’, 2005), por lo que se puede deducir que la cinta iba a tener un alto contenido de violencia explícita y gore. Y que, por supuesto, se habrían explotado maravillosamente bien el terror y el suspense como vía narrativa. Pero por diversos problemas con la productora, Roth dejó de formar parte de ‘The Meg’. Y Turteltaub entra en acción. En su primera cinta acuática, ha optado por rechazar esa sangría que podría haber sido esta especie de homenaje al ‘Tiburón’ de Spielberg –considerado el primer blockbuster de la historia-, para orientar su film a un cine más familiar. Que es sinónimo de mínima violencia y dosis trepidantes de acción acompañadas de un humor ligero –a pesar de que no le hubiera venido nada mal meterse en el terreno de la autoparodia-. Por lo que se desaprovecha bastante el potencial que el megalodón hubiera podido propiciar dentro del cine de género.

Goza, eso sí, de ser una espléndida serie B que bebe de la mítica ‘Deep Blue Sea’ (Renny Harlin, 1999) en su primera mitad. Que es donde, muy probablemente, la película se sienta más cómoda. Presentando al monstruo, a los personajes que van a acompañar a Statham en su dura pelea, recreando un espacio ficticio con aspecto futurista donde van a suceder las deducibles primeras muertes y, por ende, los primeros encontronazos con el megalodón. Parece que en esos primeros compases la marca de Roth está levemente presente. Aunque sea lo más mínimo.

‘The Meg’no es un mal largometraje. Siempre y cuando se vea como lo que es. Y ver a Jason Statham arpón en mano contra un monstruo marino de unos veinticinco metros, aproximadamente, merece la pena. Pero no se le pueden pedir peras al olmo. Ni toneladas de sangre a una cinta que está recomendada para mayores de doce años.

Xavi Mogrovejo

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