Redada asesina 2 (The Raid 2: Berandal, Gareth Evans, 2014)

the-Raid-2Casi sin tiempo para reponerse de los devastadores acontecimientos sucedidos durante la primera entrega, y con el fin de terminar de una vez por todas con la corrupción policial que asola Jakarta -la capital de Indonesia-, Rama (Uko Uwais) se ve forzado a abandonar temporalmente a su familia, ingresar en prisión bajo una falsa identidad e infiltrarse dentro de una de las bandas criminales más poderosas de toda la ciudad. Traiciones, luchas de poder y decenas de enemigos se interpondrán en su camino.

La brutal irrupción de Redada asesina (2011) en el panorama internacional del cine de acción, cada vez más necesitado de nuevos e imaginativos talentos, fue recibida con gran entusiasmo por la inmensa mayoría de aficionados al género, que convirtieron de inmediato a la cinta en un auténtico y merecido objeto de culto. Su director y guionista, el galés Gareth Evans, ya había estrenado anteriormente Footsteps (2006) -un hiperviolento thriller de factura casi amateur- y Merantau (2009) -otra cinta de acción protagonizada por su actor fetiche, Uko Uwais-, pero fue aquella bomba de relojería ambientada en un gigantesco edificio de Jakarta (Indonesia) la que le aupó a la primera línea de nombres sobre los que depositar nuestra confianza en la posible y deseada resurrección de un cine de acción, no tan basado en el uso de efectos digitales y trucos de montaje, como en la autenticidad, originalidad y espectacularidad de sus escenas de destrucción y enfrentamiento físico. En este sentido, desde el momento en que se supo que la secuela de Redada asesina (2011) estaba en marcha -ya se ha confirmado incluso una tercera entrega- las ganas de comprobar si Evans y su equipo serían capaces de superar lo realizado en aquella primera película no hicieron más que ir en aumento.

Tras su paso por diferentes certámenes internacionales, Redada asesina 2 (2014) se estrenó en los cines indonesios en marzo del año pasado, y posteriormente fue llegando a distintos países de todo el mundo, en la mayoría de ocasiones a través del formato doméstico. Por lo que respecta a España, la cinta solo ha podido verse en pantalla grande en los dos festivales de cine fantástico más importantes de nuestro país: el Nocturna 2014 se marcó un gran tanto programándola como su cinta de clausura y durante la última edición del Festival de Sitges los y las afortunadas que compraron su entrada para la llamada ‘maratón sorpresa’ también tuvieron ocasión de verla. En mi caso, estuve a punto de poder asistir a ambos eventos, pero finalmente tuve que esperar hasta principios de 2015 para poder disfrutar del film en alta definición -por extraño que parezca, y es algo que asombra incluso a personas involucradas en la venta y alquiler de películas, algunas distribuidoras siguen lanzando sus estrenos primero en DVD y, semanas después, en formato Blu-Ray-. Para entonces, mi nivel de hype estaba ya a punto del colapso y la frase ‘La mejor película de acción de todos los tiempos’ -repetida hasta la saciedad en distintos medios especializados- se había adueñado de mi cabeza hasta convertirse en una especie de mantra espiritual mediante el que calmar la espera.

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Una vez vista, puedo afirmar -siempre desde mi punto de vista- que esta secuela es no solo impresionante, sino también clave en la evolución futura del género -como ya lo fue hace años su antecesora- e imprescindible para cualquier amante del cine de acción; y todo ello gracias, sobre todo, a unos últimos veinte minutos de auténtico órdago que dejan con muchas ganas de más: uno de los factores esenciales a la hora de valorar si una película ha conseguido dejar o no su huella en la mente del espectador. Durante ese tramo final asistimos a una pelea multitudinaria que en ocasiones sufre del ‘síndrome Tony Jaa’ -el protagonista enfrentándose de forma encadenada pero siempre individual con decenas de enemigos que son neutralizados en pocos segundos-, a una secuencia de lucha en el interior de un pasillo contra dos enemigos casi invencibles -un auténtico tour de force en términos de coreografía y ejecución- y, por último, a una pelea cuerpo a cuerpo entre dos auténticos especialistas en el arte marcial del silat -tanto dentro como fuera de la pantalla- que se sitúa, sin lugar a dudas, en la cúspide de los mejores enfrentamientos físicos que quien esto escribe ha presenciado jamás en el séptimo arte. En los extras que acompañan a la edición física se nos cuenta que dicha secuencia tuvo un largo proceso de planificación, y no es para menos: casi un cortometraje en sí misma, la pelea evita el montaje entrecortado que asola el cine de acción actual y nos permite ver de primera mano una vibrante lucha a muerte que sube de intensidad y modifica su dinámica a cada minuto, dejando al espectador extasiado y fatigado a partes iguales.

Pero Redada asesina 2 (2014) no escatima en momentos de acción y, a lo largo de sus casi dos horas y media de metraje, nos ofrece un sinfín de enfrentamientos, tiroteos y persecuciones que, eso sí, varían en términos de efectividad. La monumental ‘pelea en el barro’ que tiene lugar a los pocos minutos de empezar la película, por ejemplo, aúna magistralmente el impacto visual con el desarrollo dramático; mientras que uno de los fragmentos más publicitados, aquel que tiene lugar a bordo y alrededor de un coche que circula a toda velocidad por una autovía, ofrece enormes y agradecidas dosis de originalidad, pero acaba resultando algo deslucido debido a las elecciones de montaje -interrumpiendo constantemente la espectacular pelea a cuatro bandas en el interior del vehículo- y un desenlace que no desentonaría en la televisiva Alerta Cobra. Por su parte, las secuencias en las que se nos muestran las dotes físicas de los dos secuaces más carismáticos -la ‘chica del martillo’ y el ‘hombre del bate’-, además de servir como motores narrativos e inmejorable presentación para ambos personajes, están planificadas y ejecutadas a la perfección, pero su maravilla técnica no deja casi en ningún momento espacio para la emoción o la sorpresa. En cuanto a las escenas de acción protagonizadas por Yayan Ruhian -responsable, junto al propio Uwais, de coreografiar los combates de la saga-, no bajan en ningún momento el listón de espectacularidad que logra mantener toda la cinta, pero en última instancia se revelan como una monumental excusa para devolver a la palestra a uno de los intérpretes más recordados de la primera entrega.

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No terminan ahí mis problemas con la película, sin embargo: los detalles gore, a pesar de ser puntuales, no aportan demasiado y el uso de efectos digitales amenaza con echar por tierra la autenticidad que desprende el resto del metraje -aunque en ningún momento se llega al ridículo ofrecido, por ejemplo, en Los mercenarios (2010)-; las casi dos horas y media de duración, a pesar de que permiten potenciar el desarrollo argumental e introducir un mayor número de escenas de acción, acaban resultando hasta cierto punto excesivas e innecesarias; el cambio de tono y formato a mitad de la película es tan evidente como decepcionante -pasamos de un planteamiento fragmentado y casi onírico a una narración mucho más tradicional-; la trama mafiosa que vertebra buena parte del esqueleto argumental está llena de detalles y situaciones retratadas con gran corrección, pero al mismo tiempo faltas de originalidad -hemos visto lo mismo en infinidad de películas sobre el mundo criminal-; y la galería de villanos está repleta de personajes poco interesantes -el hijo del jefe mafioso-, desaprovechados -la ‘chica del martillo’ y ‘el hombre del bate’ piden a gritos algo más de trasfondo- o directamente metidos con calzador -como el que interpreta Yayan Ruhian-. Pero la mayor decepción tiene que ver con el supuesto protagonista, el policía novato al que da vida Uko Uwais: el personaje desaparece en numerosas ocasiones a lo largo de todo el metraje, su evolución es continuamente asfixiada por la poco interesante trama criminal, y todo ello afecta a la necesaria emoción que debería tener su descomunal rentrée a finales del segundo acto.

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Quizás se haya debido a las circunstancias del primer visionado, al hecho de no haberla podido disfrutar en pantalla grande o a lo elevado de mis expectativas -que suelen jugar en nuestra contra a la hora de valorar con propiedad todo tipo de fenómenos culturales y artísticos-, pero lo cierto es que Redada asesina 2 (2014) me ha resultado algo  decepcionante, y sobre todo al compararla con la primera entrega, que por supuesto contaba a su favor con el casi imbatible factor ‘sorpresa’. Por otro lado, habrá quienes puedan no estar de acuerdo con la orientación de esta reseña y con el hecho de haber hecho hincapié en aspectos no necesariamente relacionados con lo más destacado de la cinta: sus escenas de acción; pero creo que la seriedad y rigor cinematográfico con que Gareth Evans aborda esta secuela -en su compromiso por ofrecer al espectador mucho más que una película de acción al uso- merecía un análisis en consecuencia. Tendré que darle otra merecida oportunidad, por supuesto, y de hecho estoy deseando revisar su apoteósico último tramo -el cual, repito, contiene la que considero desde ya la pelea mejor filmada jamás en pantalla-, pero su trama mafiosa y la desesperante invisibilidad del protagonista durante buena parte del metraje hacen que, en principio, me resulte más atractivo visitar de nuevo el edificio de treinta plantas en el que todo comenzó…

Gerardo Santos Bocero

 

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