Milla 22 (Mile 22, Peter Berg, 2018)

Si Milla 22 no quisiera correr antes de aprender a gatear, seguramente le iría mejor. Peter Berg regresa con su querido Mark Wahlberg para sumarse a la moda que lleva vigente en Hollywood desde, prácticamente, sus inicios: hacer una franquicia, pero se olvida de edificar una primera parte sólida. Milla 22 dispone de todos los ingredientes para que Berg pueda empezar a cimentar las bases de una serie de películas alrededor del personaje de Mark Wahlberg, un experimentado agente de la CIA de notable inestabilidad mental que tiene la misión de salvar a Estados Unidos en secreto. Como si de un superhéroe se tratase. El objetivo de Berg con Milla 22 es demostrar que los gobiernos, siempre que se ven apurados y agotan las vías diplomáticas en según qué situaciones, se lavan las manos y pasan a realizar operaciones encubiertas con sus mejores soldados. John Malkovich –al que siempre es un verdadero placer ver en pantalla- encarna a ese grupo oculto, inexistente a ojos del mundo, que capitanea el escuadrón de Wahlberg.

Empero, y aunque la idea resulte de lo más atractiva, Berg se obceca en explicar las cosas rápido y corriendo dejando perder la oportunidad de narrar como es debido el pasado del personaje de Wahlberg o las motivaciones que éste tiene respecto a su trabajo. Y de cómo el gobierno presiona a esos soldados para que solucionen sus problemas poniendo en riesgo sus vidas, sin recibir ningún reconocimiento por ello. El guion da pasos agigantados para poder abarcar mucho contenido en muy poco tiempo. Milla 22 tiene una duración de hora y media, lo que está más que bien, ya que actualmente la media de películas llega o supera las dos horas. Una moda, esperemos que pasajera, de querer llenar la cinta de metraje prescindible sin un motivo de peso aparente. Ahora, de lo que no se olvida Berg, y se agradece que haya en cantidad, son de unas escenas de acción que, si bien es cierto que pica en demasía el montaje y a veces no se aprecian del todo las coreografías en las escenas de combate cuerpo a cuerpo, ofrece una sensación de adrenalina constante para que el espectador se olvide, tanto como sea posible, que la película está un tanto vacía de contenido –y posee un fondo que podía dar mucho más cancha-. Hay explosiones, balas y golpes por los cuatro costados de la película. Respira y emana esencia de Michael Bay hasta decir basta, y Wahlberg, aun y teniendo una cuestionable expresividad a la hora de actuar, hace que luzcan correctamente. Por no hablar de las secuencias en las que Iko Uwais es el epicentro de las mismas con su espectáculo de artes marciales.

En cierto modo, tanto por las aportaciones de Uwais como por el comportamiento de líder superheróico de Wahlberg y la aparición de Malkovich en el reparto, recuerda a las dos entregas de RED protagonizadas por Bruce Willis, –en las que Malkovich también participaba convirtiéndose en un personaje imprescindible en ambas partes- tanto por la acción y el carácter de algunos personajes, como los combates cercanos –en RED 2 el espectáculo de esos combates venía proporcionado por Lee Byung-hun- y las intensas escenas de acción. Aunque aquellas cintas de Robert Schwentke y Dean Parisot contaban con un tono de comedia constante que le propiciaba un tono al film que Berg no consigue, por mucho que algunas situaciones o diálogos estén destinados a intentar arrancar alguna carcajada.

Milla 22 despide entretenimiento moderado que no trasciende más allá de la pantalla una vez ha terminado su proyección. Berg tiene una segunda oportunidad con la siguiente entrega, si es que llega alguna vez.

Xavi Mogrovejo

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