Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, George Miller, 2015)

furyroad01Mad Max: Fury Road es una película extraña, un film de acción construido sobre elipsis constantes, donde no todo está explicado. En la que los huecos (como si de una escultura cubista se tratase) nos cuentan más que lo que aparece en pantalla. Mucho más.

George Miller ha cogido la trilogía original y, como si fuera una cebolla, ha ido pelándola, quitándole capas en una búsqueda enloquecida. Al final ha encontrado un corazón palpitante, cubierto de grasa de motor. Y nos lo ha servido en dos horas de pura acción, sin descanso, a toda velocidad. Pocos tiempos muertos tiene la película, lo suficientes para tomar aire y volvernos a sumergir en ese mar de arena, en ese universo enloquecido que tan bien conocemos pero que aquí se nos aparece más grande y perturbador que nunca. Mad Max: Fury Road no sólo es MÁS, es lo MÁXIMO. Sin aditivos, directo a nuestras retinas.

La película toma prestados los diez últimos (y magistrales) minutos de Mad Max II: el guerrero de la carretera y los estira durante dos horas (que pasan como un suspiro). Hay cierto tono paródico de Más allá de la Cúpula del Trueno, pero no demasiado, lo justo.

furyroad02Su argumento podría resumirse en una frase: “Max Rockatansky conduce un camión de guerra a través del desierto perseguido por un grupo de maleantes”. Y hay mucho más, aunque casi no se explica, aunque apenas se sugiere… como los huecos que completan la escultura. Max está loco, más loco que nunca. Perseguido por la culpa huye y en su camino encuentra la redención en forma de mujer. No de una forma sexual. Lo que Max encuentra es el Matriarcado. Los hombres han destruido el mundo, las mujeres lo reconstruirán.

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Remake, relectura, continuación (que se podría situar cronológicamente entre la segunda y tercera películas de la saga original)… da igual. Mad Max: Fury Road es un film completo por sí mismo. Y sin embargo, Warren Ellis ha comentado que sería un error separar Fury Road de las otras películas de la serie. Cada una es diferente, pero juntas forman una historia que tener en cuenta.

¿Pero qué historia? Es decir, ¿qué une a estas cuatro películas? Max no. El personaje es diferente en cada una de ellas: íntegro, vengativo, heroico, sarcástico o enloquecido. Es un recurso narrativo (y en Fury Road lo es hasta extremos inimaginables en el cine de acción convencional actual). El paisaje tampoco es un nexo de unión. El futuro reconocible de la película original de 1979, los páramos australianos de la segunda y tercera parte, hasta llegar al desierto digital de este Max. No, son paisajes diferentes, son personajes diferentes, son historias diferentes.

furyroad00Si usáramos una metáfora pictórica deberíamos decir que el nexo de unión de las películas de la saga es el lienzo. Son pinturas diferentes, pero el lienzo es el mismo: un mundo enloquecido. George Miller cuenta/dirige/pinta sus historias sobre este lienzo. El mundo sufre una patología mental. Y eso le da libertad, una libertad enorme. En un mundo loco, sólo puede haber locura. Los guionistas lo saben y la integran y dosifican con maestría. El mundo está loco, pero no por eso deja de ser divertido.

Y si siguiéramos con la metáfora pictórica deberíamos hablar de la primera película como si habláramos de un cuadro hiperrealista y tenebroso; de la segunda como de una viñeta de cómic; de la tercera como de una caricatura sobrecargada y de la cuarta… definitivamente Fury Road sería una obra abstracta, de expresionismo abstracto.

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El Max de Tom Hardy es hierático. No es el mismo que el de Mel Gibson. Ni mejor, ni peor, es simplemente MÁS. Más físico y amenazante, más parco, más peligroso. Pero, sobre todo, está más loco. Y la culpa que le persigue, aunque explicada en confusos flashbacks, es mucho más abstracta que la que perseguía al Max original. El héroe del siglo XXI, el nuevo Max, carga con el peso de no poder salvar al mundo.

furyroad04A su lado, Charlize Theron es la Furia y la Esperanza. En una actuación portentosa, la sudafricana logra transmitir estos conceptos puros a través de un cambio físico extremo, pero, sobre todo, mediante una mirada cristalina e hipnótica. Actúa mirando… y en su mirada, sin más ayuda, encontramos Furia y Esperanza.

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George Miller firma, con setenta años, una obra maestra; una película casi experimental, disfrazada de blockbuster veraniego, una cinta abstracta de acción pura, cinética y orgánica; un film adulto y acelerado, magistralmente rodado (dos horas de acción sin un plano superfluo, sin ninguna acción confusa, cristalino, narrativamente brillante).

George Miller (recordemos que con setenta años) da una lección de cine. Y se sienta junto a su coche, en el desierto, a esperar a que alguien sea capaz de seguirle el ritmo. Él es Max, pero no está loco, y lamentablemente detrás de él no hay nadie.

furyroad07Daniel Lasmarías

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