Kingsman: Servicio secreto (Kingsman: The Secret Service, Matthew Vaughn, 2014)

kingsman01Por dos veces el personaje de Valentine (Samuel L. Jackson) hace referencia a la verdadera naturaleza de la película: las dos ocasiones en las que habla frente a frente con el agente Harry Hart (Colin Firth) – aunque nos lo esté diciendo a los espectadores-, sobre los tópicos de las películas de espías y aventuras de los 60 y 70. No las de ahora, le dice, son demasiado serias para mi gusto. Tampoco es que sea una epifanía para el público ni nada para el estilo, que si conoce el género ya se habrá dado cuenta que transita por un mundo más cercano al Bond de Moonraker que al de Skyfall. Pero aunque el planeta de Kingsman es uno de aquellos con villanos megalómanos (siempre he pensado que las películas de Bond son mejores según la altura de su villano, le espeta Hart a Valentine), planes demenciales para terminar con la mayoría de la población de la Tierra, gadgets imposibles y montones de soldados disparando al héroe de la función sin acertar, también incluye novedades que la diferencian bastante, ya que, aunque homenajea es un título que solo puede tener sentido en nuestro tiempo. Dispone de capacidad para sorprender (y eso no me lo esperaba en una película así), y además en su metraje le cabe tiempo de sobra para evidenciar que Matthew Vaughn disfruta como un niño a la hora de rodar escenas que son de un gamberro de tomo y lomo –y que serían capaces de sonrojar al mismísimo Roger Moore-.

kingsman02El propio inicio de la cinta ya nos advierte de las verdaderas intenciones de Vaughn: lo que parece una intro de una película de James Bond en la que vemos a uno de los agentes de la organización al rescate del profesor Arnold (una corta pero bienvenida aparición de Mark Hamill) da una sorprendente vuelta de tuerca y lo que hace realmente es servir de presentación del villano Valentine y su mortal secuaz con piernas de cuchilla metálica Gazelle (Sofía Boutella). Advertidos pues de la lúdica capacidad de sorpresa que hace gala el metraje, pasamos a conocer la historia de “Eggsy” (Taron Egerton) un joven chandalero de los suburbios del norte de Londres que malvive dando pequeños hurtos y contempla como su madre mantiene un relación con un gángster local muy violento y malcarado. Pero no, esto no es una película de Shane Meadows: pronto aparecerá en escena el agente Harry Hart, antiguo compañero del fallecido padre de Eggsy en los Kingsman, el cual salvó su vida en un momento en el que el personaje de Colin Firth bajó la guardia. Todavía reconcomido por la culpa, le hará al joven y díscolo muchacho la oferta de que haga la prueba para convertirse en uno de los Kingsman al igual que su padre: una organización secreta que opera de forma independiente y que busca preservar la paz en el mundo (aprovechando aquí el guión para distanciarse del Mi6 Bondiano para acercarse mas a la serie de TV Los vengadores o a Secret Agent). A partir de ahí la película se derivará en dos tramas. Una será una especie de James Bond Begins, en la que iremos conociendo las diversas pruebas que tendrá que superar Eggsy para convertirse en uno de los super-agentes, y otra que seguirá la investigación de Harry Hart para descubrir la verdad tras la muerte del agente Lancelot y el ¿secuestro? del profesor Randall.

kingsman03Ya lo dijo Mark Strong (que interpreta a Merlin, el genio de los cachivaches de los Kingsman, una especie de versión del Q de 007 pero reconvertido en agente activo) en una de las entrevistas promocionales de la película: es al cine de espías lo que Kick Ass fue al cine de super-héroes. Es una definición más que adecuada: mezcla de comedia gamberra y homenaje a un género, muy violenta y meta-referencial, con simpáticos guiños a Jason Bourne, a Maxwell Smart o Jack Bauer, algunos ratos plagada de humor soez y otros siendo repentinamente emotiva. Se nota que Vaughn estuvo inmerso en la concepción del cómic de Mark Millar y Dave Gibbons en el cual se basa la película; en otras manos este mejunje podría haber resultado fatal y la película un desastre, sin embargo Vaughn sabe dotar al universo de Kingsman de una lógica y una coherencia interna que hace que no chirríe ninguna de las locuras ni de los cambios de tono de la cinta. Y además en las escenas de acción se ha regalado de un modo alucinante, desquitándose tal vez de una de las pegas a las cuales se le podía achacar a la –de todos modos estupenda- X-Men: Primera generación-: asombrosa es su pericia en la escena de la iglesia (créanme, se hablará mucho de ella) en la cual Colin Firth se enfrenta a toda una congregación, y que deja sin aliento (por su coreografía, violencia -ha sido censurada en algunos países de América Latina-…¡y porque la protagonice Firth!), pero también son muy intensas y logradas aquellas dedicadas al entrenamiento de Eggsy, en especial una aérea en la que los aspirantes a Kingsman deben lanzarse en paracaídas… con sorpresa incluida.

kingsman04Todos y cada uno de los miembros del reparto están adecuados: había un cierto temor con Samuel L. Jackson y su tendencia al histrionismo en los últimos tiempos, pero su villano por suerte no tiene nada que ver con el de The Spirit y semejantes: de apariencia patosa, ceceo constante, gorra de Pepe Soplillo, gafotas y con miedo a la sangre, Valentine parece el reverso de lo que debería ser un villano en una película de espías al uso: sin embargo encaja con el espíritu del filme y resulta francamente divertido en algunos momentos. Su ayudante, la mortífera Gazelle, ya resulta más reconocible en una propuesta clásica del cine de espías-pop, y le dota a la pareja de la necesaria sensación de peligro. Taron Egerton funciona correctamente como el protagonista de la función, tanto en su inicial rol de chaval como reconvertido en una especie de joven Matt Damon -hay un cierto parecido físico- en la parte final. Y las aportaciones de Mark Strong (cuyo protagonismo va aumentando a medida que avanza el metraje), Sophie Cookson (la compañera de “Eggsy” también aspirante a Kingsman) o Michael Caine (atención al acento cockney que le aparece en su escena final, y que dota de un fondo de armario sorpresa a su personaje) son muy adecuadas. Pero la estrella de la película es Colin Firth, actor que reconoce no haber pisado nunca un gimnasio hasta su reunión con Vaughn donde la convenció de interpretar por primera vez un rol protagonista en una película de acción. Es la elección más adecuada que se podría haber hecho, un perfecto caballero del cine actual que a la mínima que empiece a hacer llaves y dar volteretas (Firth afirma que hizo el mismo el 80% de las escenas de acción, y que si no las hizo al completo fue porque el seguro no se lo permitió) deja con la boca abierta a las plateas cinéfilas que nunca le habían visto hacer nada semejante.

Kingsman es un esplendido disfrute para los amantes del cine de acción, la comedia gamberra y el cine de espías ye-yé, que sabe combinar los elementos de todos estos géneros con brío y garra, y que sabe conectar con el público joven y a la vez no esconder también una cierta ética en su propuesta: ¿Qué película incluye un Pomp & Circumstance con cabezas explotando una tras otra, chistes sobre sexo anal con una princesa escandinava y terminar con una lección sobre la importancia de los buenos modales, en la escena post-créditos más “educativa” jamás vista en una película de acción juvenil?

Javier J. Valencia

Esta entrada fue publicada en Cine Acción y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.