Holocausto samurái (Six-String Samurai, Lance Mungia,1998)

Un grupo de rockabilly tocando en las ruinas de una gasolinera. Zapatos de piel de leopardo y cocodrilo, tupés rojos, hoces y martillos, y en lugar de un contrabajo una enorme balalaika roja. Esta visión de tebeo de lo más surrealista e irreal aparece en Six-String Samurai, film independiente del director de video clips Lance Mungia.

Lo más surrealista del caso es que el grupo, The Red Elvises, existe. Se visten así en sus directos y componen la totalidad de la banda sonora del film (junto a Brian Tyler), musicando la historia que escribió Mungia junto al protagonista, el actor de artes marciales Jeffrey Falcon, ambientada en unos Estados Unidos post-apocalípticos donde la Guerra Fría acabó por calentarse del lado de la Unión Soviética en 1957, dando como resultado un paisaje desértico en el que el Ejército Rojo reina todos los Estados Unidos excepto un grupo de irreductibles rockers que se atrincheraron en Las Vegas siguiendo a su Rey Elvis, plantando cara a los malvados comunistas. Ahora, cuarenta años después de la guerra, el Rey ha muerto y todos los rockers, armados con sus instrumentos y sus katanas se dirigen a Las Vegas a luchar por ver quien será el nuevo Rey. Entre ellos está el tipo más duro de este lado del holocausto; Buddy. El rocker cuatro-ojos y el niño desarrapado que le sigue se enfrentarán a peligros tan variados como una familia caníbal, un extraño culto de astronautas o La Muerte en persona, que recuerda poderosamente a Slash, ex guitarrista de la banda Guns’N’Roses (¿casualidad?).

No hace falta mucho más para ver que Red Elvises son la banda perfecta para ilustrar la música de este holocausto que mezcla fantasía, humor de dibujos animados y cine chambara japonés. De hecho todos los componentes de la banda, excepto su batería, provienen del antiguo bloque del este: Alemania Oriental, Ucrania e incluso Kazajistán. Activos desde la mitad de los noventa hasta la actualidad, su música es de lo más curiosa; a veces bailable y frenética y a veces melancólica y extraña. Su mezcla de ritmos de la Europa del este y Rusia con el rockabilly clásico ha dado lugar a canciones que tanto versionan a Brahms (Hungarian Dance # 5) como a la usadísima canción griego-turca Misirlou que Tarantino popularizó con su versión de Dick Dale en Pulp Fiction. Incluso se han atrevido con un disco casi por completo en ruso, Rokenrol (2002).

Red Elvises, al igual que Six-String Samurai, pueden ser tomados a broma en un principio (Ellos mismos han dicho que su sonido se ha visto influenciado por “Elvis Presley y su esposa Priscilla, Check Berry, las Spice Girls y los discursos del Camarada Fidel Castro”) pero cuando uno se propone analizar su propuesta con calma, no puede negar su calidad. Y su capacidad de divertir, al igual que el film, que se encuentra en ese neblinoso páramo entre la chanza y lo mítico. Esta mezcla de caracteres es la que hace a Six-String Samurai tan especial; Mungia no duda que lo que nos está explicando es increíblemente descabellado y nos propone dejarnos llevar por el delirio; tanto da que el heavy metal exista aunque el mundo se quedara estancado culturalmente en los 50 o que la Muerte Personificada campe a sus anchas matando rockers y haciéndose un collar con las púas de los caídos. En ese sentido tiene mucho de El Mago de Oz, hay que dejarse maravillar por la sarta de incongruencias y la mezcla de seriedad y slapstick, y dejarse de buscar algún sentido. La película no es otra cosa que el trastero de las ideas de Mungia y Falcon y ellos nos dejan entrar a ver el desorden.

Victor Castillo

(Este artículo fue originalmente publicado en Miradas de Cine nº 80, Enero 2008)

 

Esta entrada fue publicada en Cine Acción y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.