Hardcore Henry

Estoy bastante seguro de que Hardcore Henry es de esas películas que, con el tiempo, tendrán un culto que las defienda como una marca en la historia de la narrativa audiovisual. Pero bueno, a ver, la idea de plantear una película en primera persona no es nueva. Ya en Doom veíamos algo semejante en momentos puntuales homenajeando al juego del que bebía, y en El Arca Rusa nos enfrentábamos a una hora y media de plano subjetivo.

Incluso en una obra más reciente y siempre reivindicable como Enter the Void íbamos por esa ruta. Pero la diferencia es que aquí Ilya Naishuller lleva la idea hacia la velocidad y agresividad de un videojuego en primera persona: hay momentos de parkour que recuerdan al Mirrors Edge mezclados con peleas y disparos sacados de cualquier FPS moderno. Un planteamiento que, al final, genera una interesante reflexión sobre cómo el mundo de la narrativa se va influenciando, porque si Mirrors Edge no dejaba de ser una versión moderna de los juegos de plataformas al estilo de Prince of Persia mezclado con ideas sacadas de Yamakasi, debemos también recordar que Prince of Persia era, en las propias palabras de su creador Jordan Mechner, una especie de adaptación del cine de aventuras de Douglas Fairbanks… De tal modo que podemos apreciar el camino que une Hardcore Henry con el cine silente, comparando también lo espectacular del cine de Fairbanks y las piruetas que ejecutamos con Henry. Ahora queda esperar a ver qué nos depara el futuro al que este cine influenciará…

Partiendo de una idea tan simple como la de rodar todo en primera persona y contando una historia relativamente sencilla con un héroe que se despierta sin recordar nada, con su cuerpo recién reconstruido por parte de quien dice ser su mujer y teniendo que enfrentarse a un ejército enemigo hasta encontrar la verdad sobre sí mismo, lo que logra Naishuller es una obra que rebosa adrenalina. Y a fin de cuentas, ¿no es este el objetivo del cine de acción? La idea nos lleva incluso a que los personajes no avancen ni se desarrollen psicológicamente, destacándose nuestro protagonista, a quien es que ni siquiera vemos la cara ni oímos su voz. Una idea que a priori sonaría contraproducente de cara a una posible catarsis, pero que queda solventada por la visión subjetiva y la enorme cantidad de acción. Empatizamos perfectamente desde un comienzo y acabamos yendo con Henry hasta el final.

Es importante, también, destacar la estructura, donde sí escoge cauces totalmente prediseñados. Así, mezcla el cine de acción moderno con los videojuegos, teniendo un peso específico en el metraje el ir cargándose masillas hasta que llegamos al malo final, más duro que todo su ejército. Aquí, además, con poderes sobrenaturales que ni nos importa de dónde vienen. Están ahí, con el fulano capaz de mover cosas con la mente como si fuese Jean Gray y ya está.

Por otro lado, la cinta intenta aproximarse a una representación en tiempo real, aunque no lo sea realmente. Se permite cortes para mantener el ritmo de la trama y consigue hacerlo de manera natural. El montaje, con todo, se hace especialmente impactante en los momentos de más acción, falseando planos y cortes para generar una continuidad temporal en la percepción espectatorial de modo que consigue apoyar toda la descarga adrenalítica que en realidad es la pretensión final de la cinta.

También podemos destacar el modo en el que la música apoya el ritmo del film a través de la relación no solo de compás, sino también entre las letras y la acción, resolviendo este eco con un sentido a veces bastante irónico. Eso sí, la selección de temas no es especialmente original ni arriesgada, tirando de temas de pop y rock clásico que puedan epatar al espectador, con Don’t Stop me Now de Queen o My Girl de Temptations como ejemplos paradigmáticos.

Como curiosidad, comentar que en realidad a Henry le dieron vida varios actores diferentes, ya que tuvieron que ir cambiándose debido al dolor de cuello que les acababa provocando la cámara, y aun así no nos importa en absoluto gracias a la impresionante manera de coreografiar todos los movimientos. Este cambio de actores para el protagonista encuentra un cierto eco en el personaje de Jimmy, interpretado por Sharlto Copley, que muere y resucita varias veces, sufriendo tantos cambios de personalidad que hace que los 3 personajes de Peter Sellers en Teléfono Rojo queden en nada. Algo que sí lo pensamos desde la perspectiva de producción es un modo muy interesante de reutilizar una y otra vez al mismo actor, un tipo solvente que consigue plantear sin demasiados problemas estas variaciones.

Y sí, vale, no es una historia profunda ni un film que vaya a cambiar la vida de nadie. Pero su valor reside en cómo plantear un modo relativamente novedoso de narrar en el cine, demostrando cómo adaptar narrativas multimedia. Ojo, que además admito que mucho de lo que ofrece está cogido directamente del cine de acción moderno con elementos como la shacky cam, que hace acto de presencia aunque en esta ocasión tenga una justificación al relacionarse con la visión del protagonista. De hecho, cuando alguien sin costumbre de jugar a juegos en primera persona suele decir que le cuesta entender y seguir lo que ocurre sin marearse, aquí pasa lo mismo en varios momentos, lo que afecta sin duda en la llegada a un público masivo. Con todo, sigo diciendo lo mismo que al comienzo: Esta es una de esas películas que lograrán un culto con el paso del tiempo porque, como mínimo, ha conseguido transmitir la acción de un modo único además de poner sobre la mesa que la narración moderna en cine tiene que aceptar, sí o sí, el desarrollo en los videojuegos como arte narrativo que son.

 

Lois E. Froiz

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