El justiciero (Death Wish, Eli Roth, 2018)

Eli Roth es de esos pocos directores que consiguen que disfrutes de un relato macabro sin preocuparte mucho por los supuestos daños morales que pueda realizar con él. Es un efecto que conseguía con films como Hostel en 2005, donde éramos testigos de cómo un grupo de norteamericanos eran torturados por unos lunáticos europeos simplemente por diversión. Un film que supuso un gran impacto para el cine de su país al colarse en el cine de terror post-11S por representar fría y crudamente el sentimiento de terror que padecían los ciudadanos estadounidenses de cara al resto del mundo. Un sentimiento que continuó dos años más tarde con su estupenda secuela, Hostel 2. Posteriormente, realizó uno de los que es considerado de los peores de su filmografía –aunque no para este humilde redactor- que pasó por el marco del Festival de Sitges de 2015; Knock Knock, que contaba con Keanu Reeves como protagonista. En ella, Roth hacía que la vida de un arquitecto adinerado se convirtiera en la peor de sus pesadillas al acostarse con dos jóvenes mujeres que llaman a la puerta de su casa para refugiarse de la lluvia. Con un carácter más psicológico, Roth ponía sobre la mesa aquello que él consideraba que era el castigo justo para los que eran infieles. Quizás porque no hacía mucho que acababa de contraer matrimonio su mujer, Lorenza Izzo, a la que también incluyó en la cinta junto con Ana de Armas.

El primer remake del discípulo de Quentin Tarantino –si obviamos que El infierno verde es solo un homenaje a Holocausto Caníblal (1980, Ruggero Deodato)-, Death Wish, es un verdadero disparate. Tomando únicamente el concepto de venganza de la cinta de Michael Winner, Roth crea a su monstruo contemporáneo callejero que se dedica a impartir su propia justicia a mano armada por las calles de Nueva York. A sabiendas de que el tema de las armas está al rojo vivo en Estados Unidos, Roth se atreve a aprovecharse de la situación para reescribir la historia de Winner adaptándola a nuestro siglo y dejando ver así que las cosas no han cambiado tanto desde entonces. Hace que la figura de Bruce Willis se convierta en un objeto de debate a partir de justificar sus actos maníacos mediante el asesinato de su mujer y la casi violación de su hija. Sabes que la violencia gratuita que Willis esparce por toda Nueva York está mal y es un hecho del que nadie debería estar orgulloso y, menos todavía, permitir. Sin embargo, Roth te hace beber de una extraña pócima y convierte esos pensamientos en sensaciones absolutamente satisfactorias al transformar lo que Winner reflejó como un pseudowestern con su Death Wish de 1974, en un circo de sangre y vísceras con la mejor acción prestada por el querido Willis, con una carrera a sus espaldas en el género que asusta a cualquiera y que regresa ahora a la gran pantalla con ganas de seguir perpetuando su legado de carnicero.

Y si bien aquella versión de Winner empleaba las reglas del western para dar forma a su film, Roth emplea aquí, siempre que le es posible colarlo, escenas sacadas del cine de terror. Es donde realmente se puede ver que está cómodo dirigiendo y no tiene que preocuparse por intentar rellenar las secuencias de situaciones absurdas que no llevan a ningún sitio y solo sirven para que esos instantes de género lleguen rápidamente y pueda moverse como pez en el agua detrás de las cámaras. Sí que demuestra, en ese sentido, que sabe permear los géneros del thriller policíaco y el terror, e incluso se atreve a hacer que su Death Wish se convierta en algo divertido al añadir bastantes pinceladas de comedia para suavizar a las masas que más se alteren al ver el desparrame de sesos que ofrece. Roth echa mano a los tutoriales de YouTube y los anuncios de televisión como elementos de formación para construir las bases de un serial killer. Por lo que extiende su discurso a que, cualquier persona con televisión o acceso a internet –es decir, todos- puede ser igual, o incluso mejor, que el personaje al que encarna Willis. Y justamente es ese instante cuando uno se percata de que en verdad está plasmando una realidad, dentro de la ficción, que no está tan alejada de lo que ocurre actualmente. Que inevitablemente te obliga a pensar si se debería disfrutar de ese espectáculo violento con tranquilidad y dejarse llevar, o tomarse el remake de Roth como un serio aviso de que lo que está ocurriendo en la película puede pasar en cualquier instante con cualquier individuo que quiera tomarse la justicia por su mano. El mismo film se encarga de dividir al público con los programas televisivos que se plantean si lo que está haciendo Willis es justo o no, y quién está a favor de lo que hace y quién no.

Pero aún siendo consciente de todo lo que quiere transmitir el film más allá controversias morales y sentimientos encontrados, la Death Wish de Eli Roth es un film que por fortuna o por desgracia, entretiene. Y es inevitable disfrutar de la historia que Roth nos cuenta y cómo esta va in crescendo hasta convertirse en una auténtica majadería llena de gore. Es un verdadero festival del que es imposible no disfrutar. Es sin duda una de las piezas más destacadas de su filmografía y, desde luego, una de las más crueles –sin necesidad de mostrar a unos indígenas caníbales masacrando a unos jóvenes-. Se mire por donde se mire.

Xavi Mogrovejo

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