Universo Shaw Brothers (4) – Crippled Avengers (Can Que, Chang Cheh, 1978)

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Un grupo de crueles luchadores se vengan de la familia del maestro Dao Tian-Du, asesinando a su mujer y dejando mutilado a su hijo Chang. Años después, Tian-Du ha enseñado artes marciales a Chang y este ha sustituido sus brazos por dos prótesis de hierro. Los dos se convierten en el azote de su pequeña ciudad, mutilando a todo aquel que se les pone a tiro. Tras dejar lisiados a un mercader, un herrero, un espadachín y un campesino, estos recibirán la ayuda de un maestro de artes marciales que les enseñará a superar sus discapacidades y permitirá que lleven a cabo su venganza contra Tian-Du y Chang…

Acercarse al cine de Chang Cheh de finales de los setenta y principios de los ochenta es hacerlo a algunas de las películas de acción más locas que ha facturado Hong Kong, que ya es decir. Cheh, curtido en montones de títulos de espadachines heroicos, el llamado género wuxia, se convirtió en el director más reputado de la principal productora hongkonesa, Shaw Brothers. En 1978, tanto Cheh como la Shaw Brothers estaban en el inicio de una decadencia que les acabaría relegando al terreno de la televisión, astuto movimiento que al menos les permitió sobrevivir hasta este día. A medida que las cosas se ponían peor para la compañía, los filmes de Cheh se salían cada vez más de madre, con propuestas que querían competir con el nuevo cine de artes marciales abanderado por los prometedores debutantes Jet Li y Jackie Chan.

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Crippled Avengers fue la segunda colaboración de Cheh con el Venom Mob, un grupo de actores provenientes de la ópera de Pekín dotados de unas habilidades acrobáticas espectaculares que tomaron su nombre de su primera película con el director, Los cinco venenos (Five Deadly Venoms, 1978).

Como decía, a medida que acababan los años setenta Chang Cheh empezó a radicalizar sus películas. De cine de espadachines pasamos a epopeyas de kung fu llenas de armas y técnicas cada vez más retorcidas. De tener a mujeres muchas veces como protagonistas a no tener casi ninguna, o morir rápidamente para dejar espacio a los hombres (como es el caso, el único personaje femenino de Crippled Avengers dura tres minutos en pantalla). Sus películas se hicieron cada vez más sangrientas y carentes del más mínimo sentido del humor, además de estar cada vez más imbuidas de un sentido del honor y un sacrificio que rozan el masoquismo suicida.

Justamente en Crippled Avengers vemos la conexión más cercana a la más conocida película clásica de Cheh, El espadachín manco (One-Armed Swordsman, 1967). Los héroes son lisiados que superan su condición para llevar a cabo su más que merecida venganza, excepto que en la citada obra clásica hay un mensaje reflexivo sobre la maldición de ser un héroe y el dejar la lucha para vivir tranquilo; aquí solo hay hostias como panes y espectáculo.

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La factura del film es la clásica de la Shaw Brothers; rodado en sets sin exterior alguno, con ese aire teatral y artificioso, con mucho colorido, un uso sin piedad del zoom y sangre de un rojo brillante y antinatural. Los clásicos efectos de sonido, la música épica… todo está “de manual”. Que es lo que hace pues a Crippled Avengers diferente de los otros cientos de títulos de la productora? Pues unos actores que se mueven de manera espectacular, un sentido absolutamente loco y camp del género, que hace que a los veinte minutos de empezar ya estén todos los héroes mutilados por los villanos. El entrenamiento de los protagonistas también tiene miga; solucionan de manera creativa sus discapacidades; el ciego desarrollando el oído al estilo de cierto samurai de una saga de películas japonesas (de las que Chang Cheh era un fan absoluto) el cojo con dos piernas de hierro negro, el sordomudo con unos brazaletes que le sirven de espejo para ver al enemigo y el tonto (que pierde su inteligencia al haber sido torturado con una banda de hierro en el cráneo) no necesita entrenamiento; pese a tener pocas luces y comportarse como un crío, su conocimiento anterior de las artes marciales está intacto.

En definitiva, pura locura kung fu para disfrutar sin prejuicios ni complejos. El cine de acción de Hong Kong posterior seguiría debiendo mucho a Chang Cheh, en particular uno de sus jóvenes ayudantes de dirección, John Woo, quedó enormemente influenciado por ese ambiente de “masacre heroica” de los films de su maestro, que acabaría trasladando a sus propias obras, cambiando las espadas por armas automáticas y a aquellos añejos héroes wuxia de intachable camaradería por policías y gangsters.

Victor Castillo

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