Black Panther (Ryan Coogler, 2018)

Black Panther es uno de los films más especiales de Marvel. Una de las razones, es porque cuenta con un reparto compuesto enteramente por actores de raza negra. Una apuesta que es realmente difícil de ver y que, sin embargo, Marvel no ha tenido ningún reparo en lanzarse de cabeza con ello. Además, crea y presenta a través de ellos un nuevo universo cinematográfico que, en realidad, ya se dejó ver ligeramente en Capitán América: Civil War: Wakanda, un lugar oculto en África que esconde el metal más poderoso de la Tierra, el Vibranium –que tuvo un papel importante en Vengadores: La era de Ultrón-, y una avanzada tecnología. Grosso modo, es aquí donde transcurre casi toda la historia de Black Panther, a excepción de alguna escapada puntual a Estados Unidos y una intensa persecución por las calles de Busan que, desde luego, es una de las delicias de la nueva entrega de Ryan Coogler, que tras su paso por Creed, ha dejado claro que su especialidad es engrandecer a las leyendas en la gran pantalla y dotarlas de un carisma que las hace irresistibles. Los acontecimiento de Black Panther se sitúan justo después de la ya mencionada Capitán América: Civil War, T’Challa regresa a Wakanda para ser coronado rey y seguir así con el legado de su padre. Pero la llegada de un terrible enemigo pondrá en peligro su reinado, el destino de Wakanda y el del resto del mundo.

El funcionamiento que Coogler ha empleado en Black Panther no es tanto el habitual dentro de la filmografía de Marvel, aunque eso no quita que el argumento siga siendo muy predecible –más todavía cuando ya se ha lanzado el tráiler de Avengers: Infinity War y T’Challa y Wakanda hacen sus apariciones pertinentes-. Lo que sí realiza el director es un desmarque bastante notable en lo que a ritmo y tono se refiere. Black Panther se toma en serio a sí misma. No es otra comedia, estilo Thor: Ragnarok o Guardianes de la Galaxia vol. 2, que lo único que pretende es fomentar interés a partir de la casi auto-parodia. El tono adulto aquí es mucho más marcado, pero, por supuesto, sigue habiendo pequeños momentos de comedia –recordemos que es un producto, ahora, marca Disney-, solo que esta vez se solucionan con el personaje interpretado por Letita Wright, Shuri, dado que esta tiene un carácter totalmente adolescente. Coogler tampoco se olvida de rodar las secuencias de acción con un dinamismo y un uso excelente de una banda sonora que le viene como un guante a los protagonistas de la historia –y qué bien funciona -. Aunque algunas de esas secuencias son excesivamente rápidas y resultan confusas. Sobre todo, porque, en ocasiones, no queda claro quién ha golpeado a quién o cómo o con qué. Pero eso es algo que solo pasa en las que intervienen multitud de personajes, puesto que presenta un par de ocasiones en las que la lucha se establece en formato de una contra uno, como si de un combate de boxeo se tratase, y es una verdadera gozada.

Chadwick Boseman, como no podía ser de otro modo, repite en su papel de T’Challa. Si bien en Civil War Boseman solo pudo ofrecer una brizna de lo que su personaje representa dentro del universo de films de Marvel Studios, aquí saca a la luz todo su potencial para dejar constancia de que Pantera Negra es como su alter ego. Encaja estupendamente con el personaje y, lo más importante, lo hace suyo. Su buena actuación viene acompañada por la de Michael B. Jordan, que ya trabajó con Coogler en Fruitvale Station y en Creed, y por la de Andy Serkis, uno de los actores más potentes que Hollywood tiene en su haber y, aún así, uno de los más desaprovechados y menospreciados. Y la cosa no termina aquí, puesto que todavía va a más cuando a estos tres actores se les añaden tres increíbles actrices: Lupita Nyong’o, Danai Gurira y la ya nombrada Letita Wright. De hecho, son ellas las encargadas de aportar la fuerza e inteligencia necesarias para sacar adelante Wakanda y, en general, las situaciones de riesgo cuando se requiere. La verdad es que el reparto per sé de Black Panther es uno de los que mejor ha funcionado hasta la fecha. Sin tener en cuenta que las apariciones de Forest Whitaker y Daniel Kaluuya quedan muy en segundo en plano, pero, por suerte, cada uno de los personajes tienen una función destacada dentro del largometraje en cuanto a controversias jerárquicas entre tribus y dilemas morales se refiere. Por lo que, absolutamente todos ellos, son necesarios para la trama. Aparte de que el papel de Serkis como villano es absolutamente impecable. Un hombre que no necesita justificar sus motivos para querer robar, matar y, en resumen, destruir todo lo que se le pase por delante.

Black Panther, por otro lado, es consciente de la complicada situación que atraviesan los afroamericanos por la llegada de su recién presidente Trump. Es por ello por lo que, en determinados momentos, se olvida de que es una película de superhéroes y deja a un lado la acción y la fantasía y se centra en dejar caer diminutas bombas de relojería contra ese terrible movimiento por el que atraviesa el país. En cierto modo, inclusive, Coogler parece tomar el control de sus personajes, como si estos fueran marionetas, para hablar a través de ella y dirigirse así al gran público de un modo discreto pero a la vez significativo. Ahondando, también, en los orígenes de los afroamericanos al centrar su película en las profundidades –ficticias- de una África futurista que Coogler emplea como eje central para elaborar su discurso sobre los conflictos que los mismos africanos tienen entre ellos en asuntos de poder y legados familiares.

Con todo, Black Panther es simplemente un film para dar a conocer los orígenes de Pantera Negra pero, a su vez, uno de los más memorables de Marvel porque se aleja de los estilos establecidos hasta ahora por la exitosa productora de superhéroes y deja un sello personal dentro de su género. Ofreciendo fragmentos que se quedan grabados a fuego en la retina, como los planos paisajistas en los que se presenta a Wakanda, como si estuviéramos viendo El Rey León –de la que bebe muchísimo- o Avatar, o las secuencias donde T’Challa va al paraíso a visitar a su padre. En ese sentido, es un film que rebosa naturaleza por todas partes, y lo mejor de todo, es que Coogler transmite esa naturaleza perfectamente. 2018 ha empezado maravillosamente bien en lo que a cine de superhéroes se refiere, dejando el terreno preparado para la esperada Infinity War y, obviamente, para posibles secuelas en solitario de Pantera Negra.

Xavi Mogrovejo

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