300: El origen de un imperio (300: Rise of an Empire, Noam Murro, 2014)

Parece mentira pero han pasado ya ocho años del “fenómeno 300” que inundó la cultura popular tras el estreno de la adaptación del comic homónimo de Frank Miller. La estética de abdominales six-pack, o como decimos aquí “tableta de chocolate”, y esa épica vigoréxica de gimnasio de extrarradio fomentaron montones de parodias por internet e incluso han llegado a influenciar a documentales del canal historia, ahí es nada. La crónica romantizada e híper vitaminada de Miller se ha convertido casi en el estándar del péplum actual, si añadimos la innegable influencia de videojuegos como los de la saga God of War o su contemporáneo Spartan: Total Warrior. Aunque es en la televisión donde la cosa ha andado más desbocada a niveles de explotación con la serie Spartacus: sangre y arena. Como todo en esta vida acaba retroalimentándose, 300: El origen de un imperio recoge algo de ese gusto por el exceso de la serie del canal Starz.

En un principio este film iba a tratar la historia del rey Jerjes, pero con el tiempo el guion fue siendo reescrito para acomodar a más personajes, hasta el punto que el gigantón persa con pinta de drag queen (de nuevo encarnado por Rodrigo Santoro) es sólo un secundario recurrente. 300: El origen… prefiere contarnos las batallas entre el general ateniense Temístocles (Sullivan Stapleton, protagonista de la serie británica Contraataque) y la reina persa Artemisia (Eva Green, en un papel creado expresamente para su persona). Tanto es así que aunque los dos se repartan bien las escenas, Green acapara la función con sus ademanes malvados y sus modelitos cuasi góticos de reina persa.

Tampoco os esperéis una precuela, esto más bien es un “mientras tanto…” ya que la acción tiene lugar antes, durante y después de lo ocurrido en 300, con convenientes insertos de metraje de ésta; Gerard Butler no volvió a hacer un cameo porque, según sus palabras, esto “no era su rollo”, así que se ha unido a otro grande del péplum como Richard Harrison en el noble arte de aparecer en metraje de archivo. ¿Acabará Butler como un cincuentón apareciendo en películas de ninjas? El tiempo lo dirá. Lena Headey, que tiene menos remilgos, sí reaparece como la reina Gorgo y aunque lo suyo es un cameo glorificado, está a la altura de las expectativas en cuanto a epicismo y frases lapidarias, entre las que se incluye su versión de la ya célebre “esto es Esparta!!!”

Absurdeces aparte, reconozco que 300: El origen… me ha hecho pasar un muy buen rato, a veces incluso más que 300, ya que sus exageradísimas batallas navales están mejor coreografiadas y le dan más vidilla a la cosa. Es bastante más violenta que su predecesora, hay sexo (heterosexual) pero el nivel de homo erotismo implícito sigue intacto para no espantar al público gay que, no nos engañemos, es una parte importante del fandom de los péplums actuales. El 3D se deja ver, pero no es más que otro recurso para que nos llueva sangre de CGI a la cara constantemente, cosa que aunque divierte no ayuda mucho a la narración. Pero a los aficionados (entre los que me encuentro, pese a la coña inherente en el artículo) nos basta con eso. Ah, y los persas han dejado de asimilarse a orcos y ahora son personas normales. Menos mal, porque ver a Eva Green en pelotas pero con cara de orca hubiera sido toda una experiencia.

Los fans a ultranza de 300 vais a encontrar más de lo mismo y en ocasiones más bruto todavía. Y eso, amigos, es lo primero que debería darnos una secuela que se digne de serlo. Y a todo esto, el comic del cual está adaptada sigue sin salir. A Miller le ha ganado el (dinerito) del cine.

Victor Castillo

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